Entre todas las cosas que sorprenden aquí, las fábricas de juguetes se han convertido en un icono del pueblo
Cuando diciembre llama a la puerta, algunos rincones de España brillan con más intensidad que otros, pero hay pequeños pueblos donde el frío se vuelve acogedor, las calles se llenan de luz y la sensación de haber entrado en una historia infantil es casi inevitable. En uno de ellos, cuando cae la tarde y se encienden las luces, los visitantes pasean despacio, con una sonrisa permanente, sorprendidos de que un rincón tan discreto sea capaz de despertar tanta ilusión. Aquí, la Navidad no es un gran despliegue institucional, sino un gesto colectivo nacido del entusiasmo vecinal.
Hablamos de Quijano, una localidad de Cantabria de poco más de 300 habitantes que en los últimos años se ha convertido en uno de los destinos navideños más comentados del norte de España. Su fama no llegó de golpe ni fue fruto de una gran campaña turística: surgió de algo mucho más sencillo y auténtico.
Fueron los propios vecinos quienes, movidos por las ganas de embellecer el pueblo y compartir la Navidad, comenzaron a decorar sus casas con luces y escenas temáticas. Lo que empezó como una iniciativa casi doméstica acabó transformándose en un recorrido navideño que hoy atrae a miles de visitantes cada diciembre.
Quijano: el pequeño pueblo mágico que se transforma cada Navidad
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Uno de los grandes atractivos del pueblo son sus casas temáticas, auténticas protagonistas del paseo nocturno. Cada fachada cuenta una historia distinta: fábricas de juguetes llenas de muñecos en movimiento, engranajes luminosos y elfos trabajando sin descanso; casas convertidas en dulcerías, escuelas navideñas o escenarios de cuentos clásicos. Todo está hecho con mimo y creatividad, sin grandes artificios, pero con una imaginación desbordante. No hay dos fachadas iguales y ese es, precisamente, parte de su encanto. Caminar por sus calles es ir descubriendo pequeñas sorpresas a cada paso.
Entre todas ellas, las fábricas de juguetes se han convertido en un icono del pueblo. Algunas recrean talleres donde los regalos parecen cobrar vida, con trenes eléctricos, muñecos gigantes y luces sincronizadas que hipnotizan tanto a niños como a adultos. Son el reflejo del espíritu de Quijano: una Navidad artesanal, participativa y muy emocional, donde cada vecino aporta su tiempo y su ilusión para crear algo único.
Aunque hoy la iluminación navideña es su seña de identidad, Quijano no ha sido siempre un pueblo conocido por la Navidad. Su transformación es relativamente reciente y se ha ido consolidando año a año gracias al boca a boca y a las redes sociales, que han amplificado la magia de sus calles. Aun así, el ambiente sigue siendo cercano y familiar, lejos de las masificaciones de otros destinos navideños más populares.
Durante la Navidad, el pueblo suele organizar actividades sencillas pero muy arraigadas, como la inauguración del belén municipal o encuentros vecinales que refuerzan ese sentimiento de comunidad que tanto se percibe al pasear por sus calles. No se trata de grandes espectáculos, sino de propuestas pensadas para compartir, charlar y vivir la Navidad sin prisas.
Quijano demuestra que no hacen falta grandes presupuestos ni escenarios monumentales para crear un auténtico cuento de Navidad. Basta con un grupo de vecinos comprometidos, creatividad y muchas ganas de emocionar. Y quizá por eso, quien lo visita una vez, suele repetir: porque en este pequeño pueblo cántabro, la Navidad se vive de verdad.
Imágenes | Turismo de Cantabria
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