Diez razones para hacer cicloturismo o por qué viajar como las mariposas es la mejor forma de viajar

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  • Viajar en bicicleta es hacer otra cosa distinta al turismo. Es cicloturismo, sí, pero no es veloz ni apresurado como el turismo convencional, ni sigue los caminos mil veces transitados por los demás. Viajar en bicicleta impone entrar en las ciudades y los pueblos por sitios diferentes. Permite disfrutar del entorno en libertad, recorrer el mundo sintiendo el viento en la cara.
  • Descubres nuevos lugares con la fuerza de tus músculos (y las consiguientes agujetas). Ello le otorga al viaje un carácter físico muy difícil de describir si no se ha experimentado antes. Los lugares acaban como inscritos en tu cuerpo, codificados en tu biología. Ya no solo los recuerdas con el cerebro, sino también con el corazón (y su bum bum), con la piel, con las articulaciones; incluso con alguna que otra magulladura.

  • Viajas a la velocidad adecuada. A pie el viaje puede llegar a ser exasperadamente lento. En vehículo a motor, demasiado rápido para que quede poso en tus retinas. Sin embargo, en bicicleta viajas a la velocidad de las mariposas, yendo de aquí para allí caprichosamente, posándote un rato en esa calle y otro rato más en aquel despeñadero. Permite contemplar con atención lo que hay a lado y lado de la carretera, por las que cruzan veloces los vehículos a motor, obsesionados con llegar al siguiente punto turístico señalado en su guía actualizada (me pregunto cuánta gente ha ido a contemplar la Gioconda en el Louvre, siempre llena de curiosos, sin apercibirse de que al lado hay otros cuadros de Leonardo). Invita a tropezarse con cosas que sólo salen al paso a los que realmente viven allí (y así, de algún modo, tú también vives allí temporalmente). Porque vivimos en tiempos del fast tourism. De mirar, hacer la foto y macharse. O hacer la foto sin mirar, siquiera. Así que no viajéis en bicicleta como quien compite en una carrera, o la magia se esfumará. Porque lo importante aquí es divertirse, conocer mundo, sin prisa, disfrutando de cada momento, y no encabezar una carrera profesional de ciclistas con malla ceñida al cuerpo.
  • La UNESCO definió en 1957 lo que eran las vacaciones: “Conjunto de ocupaciones a las que puede entregarse un individuo para descansar, divertirse o desarrollar su personalidad, después de haberse librado de sus obligaciones profesionales, familiares o sociales”. Es decir, justo lo contrario que hace normalmente la gente cuando se marcha de vacaciones. Viajar en bicicleta, sin embargo, se acerca más a ese concepto de vacaciones: nada de reunirse con la familia, nada de limpiar el apartamento frente a la playa, nada de colas kilométricas.
  • Permite conocer de verdad los países donde la bicicleta es un medio de locomoción importante, como Suiza u Holanda. En estos lugares, No sólo el conductor es extremadamente respetuoso con el ciclista sino que resulta casi anecdótico que un ladrón fuerce el candado que une la bici a una farola: básicamente porque muchas ni siquiera usan candado. Ignoro la razón de esto. Quizá es una mezcla de civismo y del hecho de que todo el mundo ya tiene bicicleta: ¿para qué vas a apropiarte de otra? Una posible explicación la aporta el divulgador Tom Vanderbilt en su libro Tráfico. Lo que dice Vanderbilt es que, a mayor número de bicicletas en una ciudad o un país, más difícil es que se produzcan accidentes con bicicletas: los coches, sencillamente, son más prudentes cuando hay demasiadas bicicletas alrededor. Además, este efecto es circular: cuanto más lento y prudente conducen los coches, también aumenta la cifra de ciclistas y peatones, que a su vez imponen que los conductores sean más lentos y prudentes. A medida, pues, que aumenta el número de peatones o ciclistas, los índices de víctimas per cápita empiezan a descender.

  • La bici parece estar de moda, sobre todo ahora que el petróleo se está encareciendo. No en vano, las acciones de Giant Manufacturing, el mayor productor de bicicletas del mundo, han alcanzado su máximo histórico en la Bolsa de Taipei, lo cual demuestra el auge del pedaleo.
  • Con bicicleta llevas todo tu equipaje en las alforjas, debes enfrentarte a días fríos o lluviosos, a pinchazos, a caminos muy duros. A imprevistos, como bien indica un cicloturista de pro como Albert Sans, que está dando la vuelta al mundo, en la sección de su web dedicada al equipo necesario para hacerlo. ¿Eso es un viaje atractivo? Lo es. Porque el cicloturismo no es solo un viaje, ni tampoco es solo turismo. Es un vidaje (vida + viaje), como señala el propio Sans. También es un desafío, como un par de grumetes que se alistan a un barco pirata para huir de sus grisáceas rutinas: saben que pueden encontrar oro y aventuras, pero también tormentas, y gangrena. Así pues, no se persigue el confort o el relax. O, al menos, no es fundamental sentir confort y relax para que el viaje valga la pena. El cicloturista quiere regresar con anécdotas, buenas y malas, y también le apetece que, al llegar a casa, por su cabeza cruce la siguiente idea: “Dios mío, pero qué bien se está en el hogar”, parafraseando a Dorothy en El mago de Oz. El cicloturista quiere probarse a sí mismo. Quiere sentirse vivo, especial, sobrecogido, zarandeado. Hacer que la vida valga la pena. No sentir que había desaprovechado nada al llegar a la vejez. Evitar con todas sus fuerzas aquella oscura reflexión de un reportero de la CBS, Charles Kuralt: “Gracias al sistema interestatal de autopistas, ahora es posible viajar de costa a costa sin ver nada”.
  • El cicloturismo te hace más inteligente. según un estudio de la Universidad de Columbia dirigido por Scott Small y Ana Pereira, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Science, el ejercicio estimula el nacimiento de nuevas neuronas en la región cerebral del hipocampo, una zona relacionada con la memoria y el aprendizaje. Ya lo intuían los que decían aquello de «mens sana in corpore sano», pero ahora la neurociencia lo confirma. El ejercicio aeróbico regular, además, no es sólo beneficioso para el cerebro sino que retrasa el envejecimiento. Para que los efectos sean reales, pues, hay que correr, practicar entrenamiento cardiovascular moderado, y no sólo hacer estiramientos o ejercicios de tonificación. Hay que bombear el corazón e hinchar los pulmones, y entonces el cerebro también se reactiva.
  • Países de gran tradición ciclista, como Suiza, disponen de una estupenda red de alquiler de bicicletas de punto a punto: la coges en una estación de tren y puedes dejarla en cualquier otra estación de tren, por ejemplo. El precio por un día completo de alquiler era de aproximadamente 20 euros.
  • También hay alquileres de bicicletas gratuitos, como el ofrecido por Berna. La razón de que haya ciudades con servicios gratuitos de bici no es fácil de explicar. Por ejemplo, en París, los commuters (personas que viajan a diario de su casa al trabajo) pueden usar una bicicleta gratis durante 30 minutos. Es una iniciativa inaugurada en 2007 con apoyo publicitario y bautizada por Velib´. Actualmente gestiona más de 1.000 paradas con 20.000 bicicletas. Sin embargo, el servicio de bicicletas de Cyclocity que posee Bruselas no funciona nada bien. La razón la explica Chris Anderson en su libro Gratis:
”Velib´da servicio a más vecinos en una diversidad de áreas en lugar de atender determinados barrios. Como resultado, muchos de sus usuarios son commuters diarios. Lo cual contrasta con Bruselas, donde sólo hay 250 bicicletas disponibles en 23 paradas concentradas en el centro de la ciudad. En cualquier caso, ¿por qué no ampliar el servicio a otras áreas de Bruselas? Clear Channel, la competencia, tiene contratos para determinadas zonas, y ello impide a Cyclocity implantar en dichas zonas sus paradas de bicicletas con apoyo publicitario.

Finalmente, como Bonus Track, y como hay que predicar con el ejemplo, os muestro un vídeomontaje del viaje que llevé a cabo por toda Suiza aplicando todas las ideas que aquí apunto:

Fotos | Albert Sans

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