Embajada a Samarcanda. Italia II. Emilia Romagna
De nuevo en ruta, me dirijo a la región de la Emilia Romagna, en pleno delta del río Po, en la Italia profunda que popularizara la serie don Camilo. Aquí se encuentran algunas de las ciudades medievales más bellas, como Modena, Rávena, Bolonia o Ferrara. Vengo hasta aquí porque esta parte del país todavía no la conozco. He rodado por los Alpes italianos, por la Toscana, La Umbria, La Puglia, Sicilia, Calabria, Nápoles, La Costa Amalfitana… pero me quedaba esto por descubrir. Y bien que me alegro de haber venido cuando al entrar en el casco viejo de Ferrara (algo que solo se puede hacer en moto) me planto ante el maravilloso Duomo, o catedral de San Jorge, el santo que mató al dragón y que es patrón de la ciudad, o el asombroso Castello Estensi.
Callejeo un rato a pie por los barrios viejos menos turísticos y descubro humildes plazas llenas de sabor, ropa tendida, pintadas de amor y puertas viejas. Esta es la Italia real que más me gusta, la profunda, con su olor a pizza, a pasta, a perfume de mujer. Y es que el cortejo tiene en este país un sentido más profundo de lo que parece. Los italianos son ligones, eso lo sabe cualquiera, pero tras pasar entre ellos una temporada creo haber descubierto que hay algo de metafísica en ese afán de conquista. No se trata solo del éxito de semental o de un don juanismo banal. Esta gente vive el galanteo como una auténtica religión nacional al nivel de su amor al calccio, o sea, al fútbol.
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