Benamira, en el sur de la provincia de Soria y dependiente de Medinaceli, se ha quedado con un único vecino fijo durante buena parte del año: Fernando del Amo, de 39 años, como muestra en el canal de YouTube del creador de contenido Diego Revuelta. La historia se ha difundido mucho desde entonces, con una frase que resume su balance: con 1.200 euros al mes se vive perfectamente y todavía sobra.
La casa en la que vive es familiar, así que no hay alquiler ni hipoteca. A partir de ahí, su lista de gastos es corta: unos 400 euros de comida (algo más cara allí, porque en el pueblo no hay supermercado), unos 300 de gasolina, entre 40 y 50 de luz y otros 50 de móvi. Sumadas, las partidas salen entre 750 y 800 euros mensuales, y su sueldo en conservación de carreteras ronda los 1.500.
El coche, imprescindible
El coche no es capricho: no hay transporte público y, como resume él mismo, "o tienes un coche o estás atrapado". Eso sí, el ahorro no es una obsesión, porque cuenta que podría guardar unos 700 euros al mes si apretara, aunque prefiere no hacerlo del todo y disfrutar un poco.
Fernando se levanta hacia las seis de la mañana y tarda quince minutos en llegar al trabajo, de lunes a viernes, así que su jornada se parece más de lo que cabría imaginar a la de cualquier trabajador de una gran ciudad pero sin atascos, claro. Por las tardes sale a correr por el monte, cuida el huerto, lee, cocina y escribe monólogos humorísticos. Como él justifica con humor, es "monologuista por obligación" porque no tiene con quién hablar.
La soledad, asegura, la lleva bien, aunque calcula que ha pasado solo al menos 200 días al año. En agosto llegan los veraneantes y las fiestas de San Miguel (el 29 de septiembre) ponen el punto final a la temporada. Luego, con el frío de octubre, llega lo que él llama "el abandono total". Entre las ventajas que enumera con ironía figura la de no discutir con nadie, y la de ser el más alto, el más bajo, el más listo y el más tonto del pueblo a la vez.
Benamira llegó a superar los 200 habitantes, y con ellos tuvo escuela y comercios que se fueron cerrando hasta quedarse sin nadie. Hoy conserva 58 viviendas, cuidadas por sus propietarios y sus familias, que vuelven sobre todo en verano. Los hijos y nietos del pueblo se juntan cada mes o mes y medio para comer y hacer tareas de mantenimiento, y la antigua escuela es ahora el local de la asociación vecinal.
La iglesia es otra historia: ya no hay misa, el cura solo aparece para los entierros, las humedades estropean las pinturas de la bóveda y los vecinos tuvieron que pagar de su bolsillo el retejado. Fernando defiende que estos templos pasen a manos de los pueblos para que puedan gestionarlos. Lo cierto es que también hay un rosal que plantó su abuela hace 40 años, y confiesa que la mayor pena y rabia le llega al pasar por la fuente en invierno y saber que no hay nadie.
Servicios, a kilómetros
Los servicios tampoco ayudan. El hospital más cercano está a 90 kilómetros, ha habido infartos que solo se atendieron gracias al helicóptero, y cada veinte días o un mes se va la luz durante horas, a veces casi un día entero.
Fernando llegó a Benamira con 22 años porque le salió un trabajo cerca y, así, se ahorraba un alquiler. Iba a quedarse cuatro meses y lleva diecisiete, y a la razón práctica se le sumó el arraigo de haberse criado allí, yendo cada verano.
Para él la despoblación es un problema más grave que el de la vivienda, aunque los dos van de la mano. Propone construir vivienda pública en las comarcas más despobladas para atraer a quienes pagan unos 700 euros por una habitación en una capital, mientras que en Benamira una casa entera se alquilaría por unos 250 euros como mucho. Interés hay, desde luego: más de 400 personas se plantearon mudarse, aunque el problema, como señala en El Español, es que no hay un plan para recibir a tanta gente a la vez.
Esa frustración le llevó a presentarse como número siete de la lista de Soria ¡Ya! en las elecciones autonómicas de Castilla y León del 15 de marzo de 2026, donde denunció que "todos los grandes partidos hablan de despoblación pero nadie hace nada". Por esas fechas, un matrimonio llegado de Georgia con dos niños pequeños compró una casa en el pueblo y, como no hablan español ni inglés, Fernando se entiende con ellos a través del traductor del móvil.
Imágenes | Canal de YouTube de Diego Revuelta
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