Los gatos de Hemingway llegan a la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos

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Cuando visitas la Casa de Ernest Hemingway en Key West, Florida, no puedes evitar fijarte en los 50 gatos que viven allí. Lo que nunca te imaginas es que esos pequeños felinos sean la causa de un litigio que amenaza con llegar a la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.

Trataré de explicarlo simplemente, a pesar de que la madeja jurídica suele ser incomprensible, y la proyección de ciertos temas, absolutamente desproporcionada.

En 1928 Hemingway y su esposa llegan a Key West desde Cuba. Es aquí donde le da los toques finales a su novela Adiós a las armas que se publicaría el año siguiente. Recién en 1931 el tío de su esposa les compra la casa que hoy podemos visitar. Allí vivió hasta 1940 y escribió obras tan importantes como Verdes colinas de África, El ganador no se lleva nada o Muerte a la tarde.

Hemingway tenía por costumbre sentarse a escribir desde muy temprano por la mañana, para dedicarse a recorrer Key West por las tardes. Solía vagar por las calles bordeadas de casas coloniales como la suya (construída en 1851) y llegar hasta el puerto donde había hecho grandes amigos entre marineros, pescadores y vecinos. Sus charlas en los bares se extendían hasta la hora de la cena, donde volvía a casa con paso, a veces, tambaleante. Un día, volvió a casa con una pequeña bolita de pelo blanco: un gatito regalado por un marinero de un barco mercante.

Ese pequeño gato tenía una característica: era polidáctilo o sea que tenía 6 deditos en sus patas delanteras. Con el tiempo, ese primer gato al que apodó Snowball o Bola de nieve, se fue cruzando con gatas locales y poco a poco la casa fue llenándose de gatitos con 6 dedos. Su afición por estos pequeños felinos era tal, que les dejaba vagar por todos los rincones y tenían permiso para dormir la siesta sobre sus originales.

Hemingway vivió aquí hasta su divorcio en 1940 para mudarse a Cuba, pero siguió visitando la casa hasta 1961. Llegó a tener más de 60 gatos y al dejar la casa, en los tiempos de abandono, la casa fue tomada literalmente por cientos de ellos. Cuando la casa se convierte en museo, la fundación que la administra decidió mantener una población gatuna de entre 40 y 50 gatos para asegurar su mantenimiento, salud, aseo y buena convivencia con los visitantes. Un veterinario los visita cada semana, regula su dieta, controla vacunas, etc.

Y allí comienzan los problemas con la justicia.
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Una visitante denuncia a la casa-museo ante las autoridades de Agricultura porque considera que los gatos no llevan una buena vida allí. El organismo establece en el 2003 que la casa-museo de Hemingway en Key West es una “exhibición de animales” colocándola en el mismo status que los circos y zoológicos, ya que es una empresa que cobra una entrada y que utiliza a los gatitos en su publicidad. Este último hecho es innegable, los “gatos de Hemingway“ son una atracción en si misma, incluida en su web y que puedes ver incluso sin entrar en la casa, durmiendo en el jardín, sobre los aleros, en los balcones o caminando por la propiedad.

Los gatos polidáctilos son tan atractivos como, para los amantes de la arquitectura, la casa en si misma ya que es un ejemplo perfecto de su tiempo y por la extraña circunstancia de que incluye una de las primeras piscinas privadas construidas en Estados Unidos. Sin olvidar los objetos personales del escritor, sus habitaciones privadas, fotografías de la época, manuscritos, y demás piezas que pintan el ambiente general en el que vivía Hemingway, sus rutinas, gustos y actividades.

Pero para el Departamento de Agricultura de Estados Unidos la casa-museo de Hemingway es un circo y requirieron que los animales fueran etiquetados, guardados en jaulas y “expuestos” en areas separadas del público. La fundación no aceptó ese dictamen y apeló aduciendo que el “Acta de Protección de Animales“ en la que se basaba el requerimiento, no podía aplicarse ya que dicha norma regula el cuidado de animales que son objeto de comercio interestatal.

Como los gatitos de Don Ernest no se mueven de Estado en Estado, sino que viven toda su existencia plácidamente en la misma casa donde nacen y con los cuidados necesarios… la fundación considera que no están bajo el “Acta“. Y así lo explicó en el 2009 en su apelación a la máxima instancia legal del Estado de Florida.

¿Me sigues? Si, es farragoso y absurdo pero a veces estas cosas de leyes lo son.

Estos días ha salido la sentencia en la que se ratifica que el Departamento de Agricultura debe velar por la tranquilidad de los gatitos. Otro golpe para la Fundación y para la lógica, ya que en todos los años en que la casa-museo está abierta al público sólo se ha registrado la queja de ese visitante que ha originado todo este embrollo.

Queda ahora la última instancia, que la Fundación apele a la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos para que se respete la forma de vida de los felinos tal y como lo vienen haciendo desde hace más de 80 años, cuando se paseaban libremente y eran la fiel compañía de un escritor llamado Ernest Hemingway.

Info y foto| Casa de Ernest Hemingway en Key West y Samantha Gabani
En Diario del Viajero | Faros (II): Florida, Estados Unidos

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