La Toscana española está a poco más de una hora de Madrid. Un lugar ideal para vivir la ‘dolce vita’ cualquier día del año

  • Casco medieval, cuevas bajo la plaza, repostería de horno de leña y un hotel balneario instalado en una antigua fábrica real

  • A unos 75 minutos de Madrid, con paradas posibles en Hita, Jadraque, Trillo, Pastrana o Torija

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Redacción Diario del Viajero

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La lavanda es el reclamo de Brihuega (Guadalajara), pero el pueblo da para un fin de semana completo también cuando ya no queda ni una mata morada. La propuesta de esta localidad de la Alcarria no puede ser más completa: tenemos un casco histórico para caminar, un hotel termal y una despensa que se recorre a bocados.

Una villa mediaval con murallas, soportales y iglesias y mucho encanto

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El punto de partida natural para visitar Brihuega es la Plaza del Coso, donde se juntan el ayuntamiento, la antigua cárcel de Carlos III y el acceso a las cuevas árabes, unas galerías excavadas bajo el centro que, según Hola, sirvieron de refugio y de almacén. Sólo se pueden recorrer unos 700 metros del total, la visita es parcial, aunque la red entera sea bastante más larga.

Brihuega está declarada Conjunto Histórico-Artístico desde 1973 y conserva parte de su muralla, puertas incluidas, además de fuentes como la de los Doce Caños, de la que se dice que quien bebe de todos sus caños encuentra pareja. Los soportales, tan alcarreños, dan sombra y cobijo ante un clima castellano de contrastes.

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En lo más alto de la localidad, que mira al río Tajuña, encontramos el Castillo de la Piedra (o de la Peña) Bermeja, que guarda una capilla gótica y un cementerio. También destacan, según el mismo medio, las iglesias de Santa María de la Peña, San Felipe y San Miguel, con esa transición del románico al gótico y ciertos ecos mudéjares. 

El Convento de San José, antes de frailes franciscanos descalzos, reúne hoy una sala de exposiciones, el Museo de Historia de Brihuega y el Museo de Miniaturas del Profesor Max, con la colección del hipnotista Juan Elegido Millán.

Una fábrica real convertida en balneario

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La Real Fábrica de Paños la levantó Fernando VI en el siglo XVIII y se amplió después bajo Carlos III. Desde septiembre de 2023 aloja el hotel de cinco estrellas Castilla Termal Brihuega, que conserva las paredes de piedra y los techos de vigas a dos aguas. Allí encontramos piscinas, jacuzzis y un spa, en un destino de bienestar para quien busca una escapada tranquila.

La Redonda, el gastrobar del hotel, es además una excelente opción para probar la cocina alcarreña aunque por supuesto, no es la única mesa del pueblo.

Mesa y horno de leña

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Peña Bermeja, en la calle Molinillo y Princesa Elima en el Paseo de la Fábrica son otras dos buenas opciones para degustar los platos de tierra con la huerta y las brasas como seña de identidad. También tenemos el Kiosko de la Alameda, en el Parque de María Cristina, que nació como un food truck de molletes sin gluten y con el tiempo ya cuenta con taberna, terraza y restaurante.

El de los dulces es otro capítulo de obligada visita. La Alcarria conserva dulces centenarios cocidos en horno de leña, con masas castellanas y miel o lavanda: los tontos, las tortas de la Virgen, las harinosas, los bizcochos borrachos, las rosquillas de anís, las pastas de mantequilla o los mantecados de lavanda son algunos de los indispensables. La Panadería de San Felipe, en la Plaza San Felipe, o la Panificadora Cepero en la Calle Mayor son dos paradas obligatorias, con obradores con generaciones de vida. No nos podemos perder los "Pablitos", crujientes hojaldres rellenos de crema y cabello de ángel.

Antes de volver: los pueblos de alrededor

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Y lo mejor de todo es que Brihuega no está sola. El camino de ida y vuelta está lleno de lugares que merecen otras paradas. Hita, por ejemplo, celebra cada julio su festival medieval, ideal si programamos nuestra visita en tiempos de lavanda. Forma parte de la asociación Los Pueblos Más Bonitos de España. 

Cerca quedan el castillo de Jadraque, conocido como del Cid, las cascadas del río Cifuentes en Trillo, el Palacio Ducal de Pastrana o Torija con su castillo, que también se merecen una parada y unas cuantas fotos.

Cuándo ir

La lavanda florece a finales de junio y se puede disfrutar hasta finales de julio, cuando culmina la cosecha con el Festival de la Lavanda. El evento cuenta con conciertos al atardecer en los campos de lavanda, pero, fuera de esas fechas, el casco, el balneario y la repostería siguen ahí. Brihuega merece una visita en cualquier estación y está a poco más de una hora de Madrid.

Imágenes | Manu García

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