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Si hay una ciudad que no debemos perdernos en Japón, es Kyoto. En Kyoto nos encontraremos con la magia del Japón clásico dónde la gente todavía viste kimono, mezclada con la rabiosa modernidad del Japón actual.

No en vano Kyoto fue la capital de Japón durante más de un millar de años. El legado de aquella época todavía se aprecia en sus calles, en su cultura y en sus exquisitas tradiciones culinarias.

Kyoto es una ciudad que difícilmente se acabará un turista: con más de 1.600 templos budistas, cientos de sintoístas, las villas imperiales, 200 jardines catalogados y algunos de los mejores museos del país. Pero no hay que dejarse abrumar, puesto que en un par de días podremos disfrutar de lo mejor de Kyoto, aunque seguramente nos iremos con ganas volver.

geisha

Uno de los lugares más impresionantes para el viajero occidental es el barrio de Gion; se remonta a la edad media y en la actualidad es el barrio más exclusivo de Geishas de todo el país. Está formado por unas preciosas casas de construcción clásica y por sus calles se pueden ver auténticas Geishas que son atacadas por innumerables flashes de turistas en cuanto pisan la vía pública.

Si se desea se puede ir a una ochaya –casa de té- y contratar los servicios de estas damas, pero para ello es muy recomendable ir acompañado de un japonés, sino será muy difícil que nos permitan acceder a sus instalaciones –por cierto, al contrario de lo que creen muchos occidentales, las Geishas no son prostitutas, sólo entretienen con sus dotes artísticas a los hombres de negocios-.

De todos modos, si queremos disfrutar de las artes japonesas sin tener que desembolsar una gran cantidad de dinero, existe un teatro llamado ‘Gion Corner’, dónde se hacen espectáculos clásicos –danzas, kabuki…- y además se muestra a los visitantes los secretos de la famosa ceremonia del té.

pontocho

Otra visita que no debemos perdernos es un paseo por la calle Pontocho. Al igual que Gion, su arquitectura, que va paralela al río Kamogawa, ha permanecido intacta con el paso del tiempo. Hoy en día la mayoría de los negocios de la calle son restaurantes de todo tipo que ofrecen suculentos platos tradicionales.

Si deseamos disfrutar de una de las artes culinarias más clásicas y ricas de todo Japón, no debemos olvidarnos de probar el kaiseki, un tipo de comida tradicional originaria de Kyoto en el que se le ofrece al comensal una gran variedad de pequeños platos con delicados bocados. En la cultura japonesa se considera un banquete, y degustarlo en los mejores restaurantes de Kyoto no suele ser barato, pero muchos ryokan de la zona también suelen servir kaiseki a sus inquilinos a precios más razonables.

golden pabillion

Si queremos escoger algún templo para visitar, una de las elecciones más comunes es el Kinkaku-ji –templo dorado-, un impresionante templo recubierto de oro con un espectacular jardín. En el interior del templo se encuentran reliquias de Buda, pero lo más singular es la integración del templo en el paisaje.

Otra elección común después de visitar el Kinkaku-ji, es ir al Ginkaku-ji –templo plateado-. Hoy en día es un templo Zen que también destaca por su arquitectura y los cuidados jardines que lo rodean.

Pero si lo que deseáis es disfrutar de unas horas paseando plácidamente, el mejor lugar para hacerlo es el Tetsugaku no michi –paseo del filósofo-, un camino junto a un canal con tiendas de artesanos locales a un lado y algún pequeño templo al otro. Si se visitan estos templos se pueden encontrar impresionantes jardines zen, bosques de bambú e incluso algunos de estos templos ofrecen a sus visitantes un té con un dulce para acabar la visita.

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Aunque lo que más atrae, tanto a turistas como a autóctonos, a esta zona de la ciudad son los cerezos que, cuando florecen en primavera, convierten el paseo en una maravilla inolvidable.

Este paseo recorre una distancia de dos kilómetros, aunque es posible abandonarlo en varios puntos del camino si se nos hace demasiado largo.

Por último, otra visita imprescindible es el Palacio Imperial de Kyoto. Al igual que sucede con el de Tokyo, se debe pedir hora anticipadamente para poder visitarlo. Pero tanto su arquitectura, como las obras de arte de su interior y sus jardines se merecen el esfuerzo y la planificación.

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Estas son sólo algunos apuntes sobre Kyoto puesto que es una ciudad en la que siempre hay cosas nuevas que descubrir, donde lo tradicional se mezcla con la rabiosa modernidad del país creando un contraste abrumador para el visitante.

Kyoto ya no es la capital de Japón pero puede que todavía sea su alma y su rostro más seductor, de forma que perdérselo resulta poco menos que imperdonable.

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