La ciudad en la que hay una estatua que ninguna paloma se atreve a llenar de excrementos
Cuando viajamos a cualquier ciudad del mundo para contemplar determinada estatua, en dicha contemplación también acaba por inmiscuirse uno, dos o más excrementos de paloma. Y es que las palomas disfrutan sobremanera llenando de excrementos todas las estatuas, y de paso todo el mobiliario urbano. Dado el volumen de defecaciones, ello representa un serio peligro para los elementos arquitectónicos metálicos (especialmente) y de piedra, y los gobiernos gastan mucho dinero en limpieza y prevención.
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