
Nos hemos acostumbrado en los últimos tiempos a que las azafatas o “asistentes de vuelo” hayan perdido la sonrisa y las formas.
Será por el auge del low-cost (low-salarios, low-capacitación, low-estímulo, low-reconocimiento) pero el servicio de abordo ha bajado terriblemente de calidad. Incluyendo el servicio humano.
Hace poco me tocó viajar en EasyJet con un grupo de asistentes de vuelo compuesto por casi adolescentes, con uniformes de jean y despeinados como chicos en el recreo del instituto.
No sin cierto sentimiento de “dinosaurio viviente”, evoqué el servicio cuidadoso con que se atendía al pasajero (que no “cliente”). Tal vez algo de aquellos estándares se guarde en los vuelos de largo recorrido, pero por experiencia propia, lo dudo.
