
Entre las 21 islas que forman el archipiélago de Fernando de Noronha, entre las cavernas en roca natural y las calas diseminadas, los piratas escondían sus embarcaciones tras sus fechorías. No es difícil imaginar que no solo lo hacían por su orografía caprichosa, sino por que se encontraban ante un paraíso natural sin igual.
Américo Vespucio descubrió el archipiélago en 1503 y después los franceses, portugueses y holandeses se repartieron su dominio. En 2002 la UNESCO le otorgó la distinción de Patrimonio de la Humanidad por las condiciones ecológicas especiales de sus islas.
Los delfines acróbatas, especie que surca estas costas, emergen sobre las aguas reproduciendo tirabuzones vertiginosos ante la bahía que lleva su nombre: la bahía de los golfinhos.
