
El viernes pasado, el crucero Independence of the Seas de la compañía Royal Caribbean, hizo su parada habitual en el puerto de Labadee, en Haití.
La empresa naviera decidió seguir con la ruta normal una vez que se comprobó que el puerto no había sido afectado por el terrible terremoto que sacudió Haití el pasado martes.
En los próximos días, otros cruceros de la misma empresa que opera en exclusiva en Labadee, llegarán a puerto. El Navigator of the Seas lo hizo ayer, el Liberty of the Seas mañana, el Celebrity Solstice lo hará el viernes y el sábado regresa el Independence.
Ante la dimensión del drama que se vive en Port-au-Prince, a 140 kilómetros del puerto de Labadee, podríamos cuestionarnos: ¿es correcto que los cruceros sigan llegando a Haití y sus pasajeros disfrutando de las bondades de su playa, mientras la muerte y la destrucción acampan a poca distancia?


Al escuchar el nombre de Haití, se nos vienen a la mente las estadísticas que la sitúan como uno de los países más pobres del mundo (ver datos