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Camino de Santiago: seguir hasta Finisterre

Camino de Santiago: seguir hasta Finisterre
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No es extraño, por su nombre, que el kilómetro 0 del Camino de Santiago, es decir, el destino final de los peregrinos que lo hacen, sea la misma Santiago de Compostela. Miles de peregrinos llegan cada año hasta la Plaza del Obradoiro tras haber recorrido muchos kilómetros (unos más, otros menos) con los pies cansados pero con la emoción de haber concluido semejante viaje. Sin embargo, para muchos no es este el final del Camino, sino que la ruta continúa hasta Finisterre.

Mucha gente no sabe que puede continuarse con la travesía hasta este famoso cabo de la Coste da Morte. Y yo me incluyo entre los desconocedores, ya que me enteré de que podía ir caminando hasta el fin de la tierra cuando ya había empezado mi camino desde León. Y es que realmente el número de peregrinos hasta aquí aumentó a partir del 2001 (antes no había albergues en este tramo).

No se conoce con certeza el origen del camino a Finisterre pero muchos historiadores consideran que éste era el auténtico destino de las antiguas peregrinaciones paganas previas a la cristianización, ya que desde aqui ya no podía seguirse más el sol en su declive. El Finis Terrae romano sería entonces la meta final.

camino a finisterre

Desde Santiago, la distancia es de 88 kilómetros, que se suelen realizar en tres o cuatro jornadas andando. El primer albergue está en Negreira (a 22 kilómetros), el segundo en Oliveiroa (a 33 de Negreira) y, antes de llegar a Fisterra, también hay uno en la aldea de Vilar (a 21 de Oliveiroa). Al llegar a Fisterra hay más oferta de albergues para el peregrino.

Por falta de tiempo, no pude hacerlo a pie hasta allí pero no quería quedarme con las ganas de ir, así que aproveché los días que me quedaban antes de coger el avión desde Compostela para ir en autobús (que tarda unas 3 horas). Y, sin duda, valió la pena.

Habiendo vivido varios años en la Costa del Sol, que no se parece en mucho a la Costa da Morte, me quedé muy impresionada con estas costas escarpadas y con tanta vegetación. Además el clima ayudó (como, por suerte, lo hizo también a lo largo de todo mi Camino) y pudimos incluso bañarnos en el Atlántico, en la playa de Mar de Fora. Esta playa está a espaldas del pueblo, orientada a mar abierto y aislada del núcleo urbano, con lo cual se respira muchísima tranquilidad. Vimos también que muchos peregrinos eligen esta recogida playa para montar sus tiendas de campaña y pasar ahí la noche.

Y, cómo no, no se puede ir hasta ahí y no visitar el faro. Está a 3 kilómetros del pueblo y se puede ir por la carretera o por un camino de montaña. Aunque a mi personalmente no me gustó demasiado el faro en sí, me podría haber quedado horas mirando el mar y la costa desde ahí.

Y, si decides ir hasta Finisterre, para seguir con la tradición, tienes que quemar una prenda de ropa que hayas usado durante el Camino.

Fotos | Flickr de leomartinorg y Julia Boccardo
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