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Ni Colmar ni Viena: esta ciudad está considerada como "la capital de la Navidad" y está a dos horas de avión de Madrid

Aquí la Navidad no es solo una decoración bonita: se convierte en el alma de la ciudad y se vive con devoción

Destino Navidad
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Liliana Guerra

Colaboradora
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Liliana Guerra

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Hay viajes que se quedan para siempre en la memoria, y uno de ellos es visitar un lugar donde la Navidad no es solo una decoración bonita, sino el alma misma de la ciudad, al menos durante un tiempo. Un destino en el que la ilusión lo impregna todo y donde caminar por sus calles en diciembre se siente como vivir dentro de una postal: luces que alumbran en cada esquina, aromas que evocan recuerdos de infancia y un ambiente que, sencillamente, contagia. Ese lugar existe y está mucho más cerca de lo que imaginas.

Hablo de Estrasburgo, la ciudad alsaciana que cada año se entrega por completo al espíritu navideño. Su mercado tiene una historia que se remonta al siglo XVI, cuando se celebraba el antiguo mercado de San Nicolás. Con el tiempo evolucionó hasta convertirse en el famoso Christkindelsmärik, el más antiguo de Francia y también uno de los más antiguos de Europa. Sus más de 300 casetas convierten una visita al mercadillo navideño en toda una experiencia.

Esa tradición tan profunda fue la semilla de todo los motivos por los cuales, desde hace décadas, se la conoce como "la capital de la Navidad": aquí las fiestas no se improvisan, sino que se viven con devoción.

Estrasburgo, el paraíso de los amantes de la Navidad

Mercado Navidad Christkindelsmärik (el Mercado del Niño Jesús)

En diciembre, Estrasburgo se transforma literalmente. La Grande Île, su casco histórico, se viste con cientos de luces, guirnaldas y figuras que cuelgan de fachadas de madera centenarias. Los puestos de artesanos se reparten por plazas y callejuelas, y el aire se llena de olores cálidos: vino caliente, galletas alsacianas, pan de especias… Un paseo nocturno basta para entender por qué este mercado atrae a visitantes de todo el mundo.

Uno de los momentos más especiales es cuando se enciende el gran árbol navideño de la Place Kléber, un abeto gigante que se convierte en el corazón simbólico de la ciudad. A su alrededor se instala el "Village du Partage", un espacio solidario donde asociaciones locales organizan actividades, recaudan fondos y comparten iniciativas con viajeros y residentes. Esa mezcla de tradición y solidaridad es parte esencial del carácter navideño de Estrasburgo.

Pero la ciudad ofrece mucho más que mercadillos. Cada año se organiza un programa de conciertos en iglesias, exposiciones temáticas, espectáculos callejeros y rutas guiadas por barrios con tanto encanto como Petite France, que en Navidad parece casi un escenario de cine. También hay espacios dedicados a productores locales y propuestas más contemporáneas, que conviven con las tradiciones más arraigadas.

Como curiosidad, se cree que aquí ya se decoraban árboles de Navidad en casas gremiales en el siglo XVII, una costumbre que después se expandió al resto de Europa. Y su mercado ha viajado incluso más lejos: en varias ocasiones se ha reproducido en ciudades internacionales, convirtiéndose en un embajador del espíritu navideño alsaciano.

Navidad Estrasburgo Gran árbol navideño de la Place Kléber

Y precisamente porque Estrasburgo es mucho más que su atmósfera navideña, conviene reservar tiempo para descubrir sus grandes iconos. La Catedral de Notre Dame, una de las joyas del gótico europeo, impresiona tanto por su fachada como por su interior, donde espera el célebre reloj astronómico, una maravilla de ingeniería renacentista que cada día ofrece un pequeño espectáculo mecánico. Quienes suben los 332 escalones del campanario obtienen una de las mejores vistas de toda Alsacia. A pocos minutos, el Barrage Vauban y los Ponts Couverts ofrecen otra perspectiva preciosa de los canales y tejados de Petite France. Y cerca de la catedral, el Palais Rohan aporta un toque aristocrático con sus tres museos, ideales para sumergirse en la historia y el arte de la región.

Todo ello se integra en una ciudad que, por su particular historia entre Francia y Alemania, ha desarrollado una identidad cultural única. Ese mestizaje se percibe en su arquitectura, su gastronomía y su manera de vivir las fiestas, dando como resultado una atmósfera difícil de encontrar en otros destinos europeos. Una atmósfera que se disfruta con la misma intensidad viajes como viajes: en familia, en pareja, con amigos o incluso en solitario.

Imágenes | visitstrasbourg

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