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Rosa, barcelonesa vecina de un pueblo helado de 35 habitantes: "Aquí, ¿qué va a haber? El bar hace ya tiempo que cerró"

  • Malpartida, en la comarca salmantina de Tierra de Peñaranda, suma 74 habitantes en el padrón, pero en invierno duerme allí menos de una veintena

  • El camión de reparto, el panadero y las visitas del médico y la enfermera marcan el ritmo de un pueblo sin bar ni comercios

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Redacción Diario del Viajero

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Hay lugares donde el invierno se oye, y Malpartida, en la comarca salmantina de Tierra de Peñaranda, es uno de ellos. Tras recorrer sus calles con el cielo cubierto y la nieve amenazando no se ve a casi nadie por la calle. Hay algún perro que rompe el silencio y el ruido de unas obras que recuerdan que todavía hay casas en rehabilitación, pero el panorama es poco bullicioso y sólo cambia cuando asoma cierto camión.

El padrón recoge 74 habitantes a 1 de enero de 2025, aunque quienes viven allí aseguran que en los meses fríos duermen en el pueblo menos de una veintena de personas. Rosa Castañeda calcula unos 35 vecinos con actividad en invierno, mientras que, en verano, la cifra cambia y puede acercarse a los 300. Es la despoblación del interior de Castilla y León contada según el paso de las estaciones.

Un camión que trae vida al pueblo

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El camión que mencionábamos es el de El Moreno, un vendedor ambulante. Cuando aparece, se abren algunas puertas, los vecinos salen a comprar y durante unos minutos las calles recuperan algo de vida, porque en un pueblo sin supermercado y con pocos servicios permanentes, los vendedores ambulantes son parte esencial del día a día. Según los vecinos, el panadero pasa tres días a la semana, el médico uno y la enfermera dos. Para todo lo demás, camión.

Malpartida Pano

Entre los primeros en acercarse está Nicolás García García, natural de Salmoral y con más de medio siglo viviendo en Malpartida, que llega tras su paseo de la mañana apoyándose en dos bastones. Trabajó en el campo y llegó a dormir en sacos de paja durante las faenas agrícolas; hoy, el problema es otro: faltan vecinos y servicios. Preguntado por cuánta gente queda en invierno, responde con un “Somos cuatro” y afina enseguida: “Dormir en el pueblo, ni veinte siquiera”.

Un pueblo sin bar

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Del comercio no hay mucho que contar, y el propio Nicolás lo resume así: “Aquí, ¿qué va a haber? El bar hace ya tiempo que cerró”. Rosa lo suscribe: “No tenemos comercio, ni dónde ir, ni siquiera bar, que es una pena”, aunque defiende su forma de vida con un “No nos falta de nada, dentro de lo que cabe”.

Felicidad Hernández Ruano, que también ha pasado aquí toda su vida, tira de memoria para recordar otro pueblo: “Recuerdo que cuando yo era joven éramos mucha gente. En mi grupo de amigas éramos doce”. Ahora, señala, “hay muchas casas cerradas”. Pero el pueblo también ha ganado alguna vecina por el camino.

Rosa es natural de Barcelona y llegó hace casi siete años, después de enviudar, al pueblo de origen de su marido. Podría haber vuelto a la ciudad, claro, y no lo hizo: “Me podía haber ido a Barcelona, que soy de allí, pero aquí me he quedado. La calidad de vida no se puede comparar”.

Lo cierto es que la despoblación ha vaciado las casas, pero no los lazos. “Somos como una familia”, coinciden los vecinos, y lo refleja el día de las Águedas, el 5 de febrero, cuando suelen doblar la cifra de habitantes, de 8 a 17. “Fíjate que aumento”, bromea Rosa.

Imágenes | Wikimedia, YouTube, Ayuntamiento de Malpartida

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