¿Puede que dentro de poco existan vuelos completamente gratuitos?

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A los que les apasiona viajar, poco les importan las servidumbres que deben soportar al tomar un vuelo: sencillamente aprecian haber llegado a su destino por poco dinero. El continuo abaratamiento de las líneas aéreas low cost está permitiendo que toda clase de personas viajen a lugares que jamás hubiesen soñado.

Hasta ahora, incluso, había viajeros que podían viajar a Berlín o Londres por precios cercanos a cero euros, gracias, por ejemplo, a que otros viajeros pagaban mucho más por su asiento, como en ese juego en el que un grupo de diez personas debe encontrar asiento en nueve sillas cuando deje de tocar la música: solo los más rápidos y hábiles se sentarán.

Pero los modelos de negocio están progresando hasta el punto de que quizá muy pronto podamos volar a lugares lejanos por un precio de cero euros, sin trampa ni cartón: todos los que vuelen en ese avión lo harán gratis. Es lo que, al menos, ha prometido el consejero delegado de Ryanair.

Entonces ¿cómo será rentable la compañía aérea? ¿De dónde saldrán los sueldos del piloto y los asistentes de vuelo?

Primero hemos de pensar en la particular situación de los aviones: consiguen que un grupo grande de personas permanezca sentada en un habitáculo durante algunas horas sin que exista alternativa para moverse. Imaginad lo que una buena estrategia de marketing podría hacer con eso: disponer del tiempo y, tal vez, parte de la atención, de un grupo de personas a las que poder vender otra clase de productos.

En parte ya es lo que hacen algunas compañías, cuando nos cobran por una bebida o un reloj: las personas que están dispuestas a pagar por esos lujos, sufragan su vuelo y el de las personas que deciden no comprar nada. Además, si estás viajando completamente gratis, seguramente tampoco te importará pagar por algún capricho. Es un rasgo psicológico que los expertos en marketing y neuromarketing conocen muy bien.

También podría cobrarse más por otros privilegios, tal y como ya hace Ryanair, tal y como explica Chris Anderson en su libro Gratis:

cobra por prioridad de embarque; cobra un extra por facturar equipaje y volar con niños; cobra una cuota por los alquileres de coches y reservas de hotel realizadas a través; cobra por la publicidad dentro del avión; y cobra una comisión por la gestión de la tarjeta de crédito en todas las compras de billetes.

Dicho de otro modo: se plantea la posibilidad de viajar gratis a quienes realmente no tienen otra manera de viajar pagando. Así pues, un coste de unos 70 dólares, que es lo que le costaría a Ryanair llevar a una persona de Barcelona a Londres, desde aeropuertos poco populares, podría sufragarlo de diversas maneras:

Facturar dos maletas: 30 dólares.

Ingresos por publicidad por pasajero por una hora de vuelo: 1 dólar.

Subvención de vuelos más caros: 5,50 dólares.

Una botella de agua: 3,50 dólares.

Prioridad en el embarque: 4 dólares.

Comisión de gestión de tarjeta de crédito: 6 dólares.

Y otros muchos ejemplos. Finalmente, son estrategias que quizá nos resulten más o menos incómodas, pero lo cierto es que son y serán las estrategias que permitirán que muchos de nosotros, cuando el bolsillo no acompaña, podamos continuar cultivando nuestra afición por los viajes.

Foto | Wikipedia
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