Daniela y José Antonio trabajaban en un bar de copas de las playas de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Su horarios eran agotadores y les causaba un estrés que apenas les dejaba descansar. Hoy llevan el único bar de Villegas, un municipio burgalés de unos 70 vecinos. Un cambio radical, como cuentan ellos mismos en el canal de Youtube Diego Revuelta.
Para ellos, esta historia empezó con una noticia sobre familias que se mudaban al campo gracias al Proyecto Arraigo, una iniciativa que pone en contacto a quienes quieren irse a vivir a un pueblo con municipios que necesitan fijar población y mantener sus servicios.
Una nueva vida por unos 280 euros al mes
Villegas llevaba meses con el bar cerrado desde que se marchó su anterior responsable, así que la pareja solicitó la plaza y, en menos de una semana, la pareja ya estaba visitando el pueblo para conocer las condiciones del acuerdo.
La gestión del bar municipal sale a coste cero. Sin alquiler del local. Sin facturas de luz ni agua del negocio, de modo que el 100% de lo que ingresan es para ellos. A eso se suma un dúplex de unos 100 metros cuadrados (con mobiliario y electrodomésticos básicos, gracias a las gestiones del alcalde) por un alquiler social de 110 euros al mes. Con la luz de la vivienda incluida, sus gastos fijos mensuales rondan los 270 o 280 euros, una cifra más que razonable.
Los requisitos no son muchos, pero los hay. Como cuentan en Directo al Paladar, la oferta exigía no tener antecedentes penales, contar con un pequeño colchón económico para los primeros suministros y dejar una fianza de 700 euros por el local.
El horario también va en la línea de la conciliación: unas cinco horas al día, repartidas entre el turno de mediodía y el de tarde-noche, y con margen para adaptarse a la afluencia de los fines de semana y los festivos. Nada que ver con las jornadas interminables de las que venían huyendo.
Por su parte, Proyecto Arraigo analiza el perfil de las personas solicitantes para encajarlas con lo que necesita cada ayuntamiento. Como dicen en su propia web, ofrecen un "acompañamiento personalizado y real" durante la integración. Directo al Paladar añade que esas necesidades van desde regentar un bar hasta cubrir puestos de transporte o atender a personas mayores, y cifra en más de 300 las personas que ha ayudado a trasladarse.
La primera noche en Villegas les hizo darse cuenta de la magnitud del cambio pero según cuentan, la experiencia ha cumplido lo esperado: destacan una mejora en su salud mental, el descanso y la tranquilidad, y valoran muy bien el recibimiento de los vecinos. Para el pueblo, la reapertura del bar devuelve el punto de encuentro de cada día y el vermú de los domingos que ayuda a hacer comunidad.
Imágenes | Diego RevueltaTV / Wikimedia
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