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Viaje a Dubái: La típica excursión al desierto

Viaje a Dubái: La típica excursión al desierto
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Dubái un prodigio del hombre. Un desafío a la naturaleza. Una creación en mitad de la nada. Cuando visitamos Dubái, sus impresionantes avenidas y nos maravillamos con su perfil arquitectónico, nos olvidamos que hace muy pocos años allí no había casi nada. Sólo el desierto.

Ese entorno natural que podemos visitar en la típica excursión al desierto de Dubái. Una experiencia diferente (aunque un tanto "enlatada") y que complementa la visión urbana del país.

En el hotel donde te alojes te la ofrecerán. Hay muchas agencias que la realizan y no te será difícil contratarla. Y no es nada cara, aproximadamente 30 euros por persona con todos los traslado y servicios que te detallo.

Te pasan a buscar por el hotel a mitad de tarde (a las 17 horas aproximadamente). El traslado se realiza en potentes vehículos 4x4, nuevos, confortables, seguros. El "toque de aventura" lo pone el estilo de conducción local. Paciencia y confianza.

A unos 45 minutos de viaje, ya nos hemos adentrado lo suficiente en el desierto como para olvidarnos de fuentes, hoteles y edificios. Tan solo el horizonte ondulado de las interminables dunas, el sol impiadoso, la luz que encandila.

Se hace una parada para poder disfrutar del paisaje y, en algunos casos, te permiten conducir por las dunas (en mi caso el conductor había bajado el nivel de aire de las ruedas para que el vehículo "se zarandeara menos"). En otros casos, puedes aprovechar para dar un paseo en camello.

Aqwuí está la variedad de la oferta, consulta bien. Puedes tener una demostración de deportes propios con arco y flecha, o ballesta, o un pase de cetrería. Incluso, en algunas ocasiones te ofrecen deslizarte por las dunas en una especie de tabla (sandboarding). Pregunta y elige la opción que mas te apetezca.

Un poco mas tarde, se hace otra parada en la mitad de la nada, o al menos de lo que a nosotros nos parece "la nada", sin puntos de referencia. Pero el conductor y el guía han sabido llegar hasta un campamento temporal, levantado para los visitantes, donde debajo de unas jaimas te esperan almohadones y mesitas bajas con té y pastas.

Tómatelo con calma. Es otra de las paradas programadas y se espera que disfrutes de dejar pasar el tiempo. En realidad están esperando que el sol haga su camino para regalarte un hermoso atardecer en el desierto. Para mi, lo mejor de la visita.

El sol muere lento... lento... y de golpe el cielo se pone en llamas justo antes de su despedida final entre las líneas onduladas de las dunas.

Con el espectáculo en los ojos aún, es tiempo de volver al hotel.

En Diario del viajero | Más sobre Dubái

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