Compartir
Publicidad

América en moto. Isla Galiano.

América en moto. Isla Galiano.
Guardar
5 Comentarios
Publicidad
Publicidad

El cielo se ha despertado gris sobre la Isla de Vancouver, Canadá. Chispea sobre Port Renfrew. Como ayer y como hará mañana. Voy a desayunar. Hay dos típicos restaurantes americanos en la localidad. Uno está cerca del embarcadero y el otro en la carretera. Compiten por los escasos turistas, trekkers, pescadores y ciclistas que se aventuran hasta aquí recorriendo la salvaje carretera que pasa al lado del inmenso lago Cowicha. Es la que tengo que coger yo para ir a Crofton, en el extremo oriental de la isla. Estoy de suerte, me informa la camarera. Los domingos no circulan los camiones cargados de madera que convierten la ruta en una lotería criminal. Van ciegos y a toda velocidad. En las curvas pronunciadas invaden el otro carril sin preocuparse de los que circulan en dirección contraria. La preferencia es siempre suya.

Arranco la moto. Subo una empinada colina. La carretera está hendida en el bosque compacto de cedros y coníferas. Tienen algo de telúrico estas selvas frondosísimas y espesas. Impenetrables. Ominosas. Húmedas. Me deslizo sobre un asfalto resbaladizo como el lomo de una serpiente. La vía se ondula y un cartel me advierte de que tenga cuidado con la vida salvaje. El bosque es compacto como un pastel de chocolate, pero según me voy adentrando en él descubro terribles claros y leños derribados. La explotación forestal es intensa. Estoy convencido de que replantan, los canadienses son muy cuidadosos con la naturaleza, pero visto así el panorama ofrece una imagen de devastación.

vida salvaje

Llego a Duncan y luego a Crofton. De aquí sale el ferry para Saltspring island. Desde el ferry contemplo las islas del Golfo. El horizonte es brumoso, casi opaco. Hace frío. Un frío inusual en esta época del año. Conozco la canción. A lo largo de mi viaje siempre me han dicho que las condiciones climáticas que estábamos viviendo eran inusuales en esa época del año. Me lo dijeron en Etiopía y Kenia con las lluvias, me lo dijeron en India con el calor, me lo dijeron en Asia también con las lluvias. O el tiempo se ha vuelto loco o este año es de lo más impredecible o yo tengo una suerte nefasta con el clima porque se suponía que en teoría estaba en la mejor época de cada sitio y me encontré con la peor, o al menos de las peores. Pues aquí igual. No es invierno pero no tiene sentido que a principios de junio el termómetro no suba de los 10 grados.

floresta

Es un Canadá de juguete y casitas pintadas y mucho souvenir. Un sueño para ricos y veraneantes. Luego otro ferry hacia la Isla Galiano, una isla diminuta y alargada de estrecha carreterita que la surca de norte a sur. En el extremo septentrional está el Dionisio point park; el sol resplandece sobre las aguas del Golfo y las montañas se reflejan recortadas contra el horizonte.

deforestación

Encuentro un resort muy básico pero con confortables cabina. La recepción es una caseta de madera. Está abierta. Hay un teléfono y un cartel que indica que llames a un número. Lo hago y contesta una voz femenina. Le digo que quiero habitación y aparece una chica rubia y pequeña. Es muy amable aunque parece vivir en otro mundo. La cabaña es muy acogedora aunque cara. Nada baja de los 100 dólares y eso que ofrezco siempre pagar en metálico para que no me carguen los impuestos. A este ritmo lo que me queda de presupuesto se va a evaporar. He conseguido mantener mis gastos muy contenidos en Asia, pero aquí se están disparando.

hidroavión

Lo sorprendente es que nadie me pide un documento para darme la habitación; ni siquiera la tarjeta de crédito. Basta mi palabra y el pago por adelantado. Cierto es que de la isla no se puede uno escapar sino en ferry o en hidroavión, pero es habitual que así sea en el resto del país. Es la confianza en que eres quien dices ser es lo que sostiene esta sociedad. Tiene sus defectos, pero me gusta que aún haya lugares donde no tenga que llevarse el DNI en la boca para alquilar un cuarto de hotel.

Miquel

Amanece y el día está horrible. Gris y frío y húmedo y lluvioso y un completo asco. Qué poco dura el sol aquí. Desde la cima del cercano parque Bluff tengo una vista magnifica sobre las islas del Golfo descubiertas por Dionisio Alcalá Galiano. Tengo que atravesar un bosque por una pista sin asfaltar. A los lados del camino hay abiertos senderos con números. Llevan a casas. Esta isla es un microcosmos que combina a rudos campesinos con nuevos vecinos ricos llegados de Vancouver city a hippies venidos en los sesenta cuando nadie se había imaginado estas islas como apetecibles solares de segundas residencias.

río

A pesar de la grandiosidad del paisaje, estoy algo triste. A veces sucede sin un motivo concreto. Tal vez sea porque ahora se me hace presente otra vez la trágica historia de mi país, que no es mejor ni peor que otros, pero es el mío y a pesar de su pasado épico, forjado sobre el esfuerzo y el valor, se ha empeñado en perder sus mejores oportunidades. Y quizá sea en la persona de quien toma nombre esta isla donde quede ejemplificado de un modo más nítido ese fenómeno de autocanibalismo.

resort

Dionisio Alcalá-Galiano es hijo de esa España que pudo haber sido y no fue. Militar, marino, pero sobre todo científico. Un ilustrado, un hombre de su tiempo, del Siglo de las Luces, miembro de una generación culta que pujó por un futuro mejor para su patria. Miembro de la expedición de Alejandro Malaespina, fue encargado por éste de la exploración de Alaska y Canadá en busca de ansiado paso al Atlántico. Fue el primero que circunnavegó la Isla de Vancouver, atravesó el Estrecho de Georgia que la separa del continente y descubrió el Archipiélago del Golfo. Científico ante todo, alcanzó hallazgos cosmográficos aún vigentes.

Monte Galiano

Su rey fue Carlos III, el último monarca ilustrado. Tras él, Carlos IV, un hombre débil, acomplejado, dominado por su mujer y un arribista llamado Godoy. La generación de los grandes navegantes del siglo XVIII fue sacrificada en una batalla absurda, por una mala causa y un mal rey: Trafalgar. Alcalá-Galiano murió en ella como un héroe pero hubiera dado más de sí como científico. Tras eso, la invasión de Napoleón, una Guerra de la Independencia donde quien ganó fue el Antiguo Régimen y el retorno del absolutismo y con él la desaparición de cualquier esperanza de una España ilustrada y liberal. Desde entonces, vamos cuesta abajo . De mal en peor desde entonces. No salimos del bucle. Ahora también nos damos cuenta de que la burbuja inmobiliaria de comienzos del XXI no ha sido más que un corto sueño de prosperidad.

mapa

¿Quieres verlo en vídeo?

Fotos: Miquel Silvestre Video: Canal de Youtube de Miquel Silvestre Más en Diario del Viajero: Canadá

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio
Inicio

Ver más artículos