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Embajada a Samarcanda. Italia I. Lago di Garda

Embajada a Samarcanda. Italia I. Lago di Garda
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Italia es el país que más me gusta de Europa. ¿Por qué? La comida, los paisajes, el arte, la gente. Me recuerda a España, pero quizá con más estilo. Y conste que me encanta mi nación y que hago gala de españolidad allí donde voy. Pero las cosas como son. Italia es una España con más gusto para todo lo que es estética. Y si no fuera así, Italia no sería el país de la moda, del Renacimiento, de los Ferrari y las Ducati. Y es que Italia es así, bella, atractiva y casi, casi comestible.

Dejé atrás Spotorno, a orillas del Mediterráneo. Normalmente no me gustan mucho las autopistas por caras y aburridas pero en estas primeras etapas de mi viaje tengo muchas cosas pendientes y poco tiempo, de modo que me metí en la autostrada que me llevaba hacia Verona. El cielo estaba cubierto y de vez en cuando llovía. El agua ha sido una constante en este comienzo de aventura.

Mi destino para ese día estaba cerca: Bardolino, en la ribera sur del Lago di Garda. Llegué al atardecer y me alojé en el Hotel Sportsman porque comprobé en Booking.com que era el más barato con gimnasio. Por 48 euros podría dormir, desayunar y entrenar. Demasiado tiempo sin hacer deporte me pasa factura en lo físico y también en lo espiritual. Necesito estar fuerte para afrontar los retos que me esperan, como levantar la moto o conducir muchas horas por pedregales inmundos, pero sobre todo necesito estar de buen humor, y el ejercicio vigoroso llena mis venas de endorfinas.

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Aprovecho también para comprar una tarjeta telefónica. Pago 35 euros y dispongo de acceso a internet ilimitado durante un mes. Viajo con tres teléfonos móviles. Uno lleva mi tarjeta española para recibir llamadas desde España. No suelo contestarlas porque el roaming es caro, pero veo quien me llama. Otro teléfono lo tengo cargado con una tarjeta internacional que permite navegar por internet en casi todo el mundo y se recarga con dólares a través de una web. Es caro, pero para emergencias sirve y permite estar conectado en todo momento y en casi cualquier país. Y luego llevo un tercer teléfono que uso con la tarjeta de los distintos países. Es el modo más barato de llamar y navegar.

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Entrenamiento, algo de trabajo con el ordenador y cena regada de vino. Al ponerse el sol tengo una vista idílica del lago. Sentado sobre una pasarela de madera y con el anarajado horizonte lacustre ante mí me siento en el más perfecto escenario. Soy muy afortunado por vivir como vivo y hacer lo que hago. No quiero que eso se me olvide nunca. Termino mi lata de cerveza y me voy a dormir. Seis horas de sueño reparador y el nuevo día me regala un cielo sin nubes. Será la ocasión perfecta para recorrer la orilla este del gran lago. El escenario es maravilloso con el agua calma a un lado y en el otro extremo las montañas alpinas aun con nieve en sus cumbres. Se suceden los pueblecitos ribereños, de pequeños barrios de casas bajas alrededor de una gran fortaleza que vigile el lago y los alrededores como la de Malcesine, donde en un camino lleno de grava se me cae la moto y tengo que levantarla sin ayuda. Menos mal que el hotel tenía gimnasio.

Fotos:Miquel Silvestre

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