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Una gallega en la India: Varanasi

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De Bodhgaya decidí partir en dirección a Varanasi. Así que me compré un billete en un tren que salía a las cinco de la mañana.... Como soy así de tonta, me levanto a las cuatro para estar a tiempo y, claro, ¿a qué hora salio el tren? ¡Pues, a las diez y media! Llegamos a Varanasi a las mil y pico, más o menos, y digo llegamos porque en el camino conocí a una chica holandesa, y como las desgracias unen, para cuando el rickshaw de turno nos dejo en el hotel (en el que le dio a él la gana, para que nos va a llevar al que le hemos dicho) ya eramos amigas íntimas.

Como estábamos en Varanasi, la ciudad santa donde viene la gente a morir, bañada por el río sagrado para la religión más antigua del mundo, nos dijimos, habrá que aprovechar: Así que nos fuimos de shopping feroz por todas las tiendas de la ciudad a comprar collares y pijadas varias. Nos fuimos a que nos dieran un masaje con aceite y hierbas medicinales (cuando acaban estás esperando que te pongan una manzana en la boca y te metan en el horno, porque hueles como una pierna de cordero, pero dios !qué maravilla!) y nos paseamos por los ghats, que son escaleras que bajan al Ganges, aprovechando que los chicos se bañan en tanga.

Aunque hubo un momento en que pensé tirarme al Ganges, cuando la holandesa dijo en medio de un grupo de indios que estaban dando la brasa, "Me encanta la ropa interior que lleváis aquí". Pero no paso nada, yo creo que están tan reprimidos que no procesaron la información, los pobres.

A todo esto, Varanasi es, al fin, una ciudad preciosa, un laberinto de callejuelas estrechas que desembocan en una mezcla de templos y palacios medio en ruinas mirando al Ganges, y en la otra orilla, nada, arena y árboles y algún búfalo. El último día me quedé sola, y cuando me iba ya a la estación de tren, empezó a salir gente camino al río, músicos tocado tambores y trompetas y mujeres vestidas de fiesta en saris de colores llevando cestas con fruta, incienso y flores. Así que digo: habrá que ir.

Niños; fue como en las postales. La imagen típica de la India llena de color y espiritualidad, santones envueltos en túnicas naranjas con el pelo enredado sobre la cabeza, llevando el tridente símbolo de Shiva, los ghats llenos de gente encendiendo lamparas de ghee, adornándose la cara con polvo vermellón y llevando guirnaldas de flores y cestas con ofrendas para bañarse con ellas en el Ganges, rezando en silencio, cantando mantras.... Con deciros que hasta me atreví a meter los dedos en el Ganges (a esa puntita me refería) y tocarme la frente.

El hinduismo se parece al Ganges, aunque al revés: el Ganges esta lleno de mierda en la superficie, pero esconde un significado espiritual. Los rituales del hinduismo son una explosión de belleza, pero en el fondo es una religión monstruosa.

Bea Piñeiro

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