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Lugares remotos: El lago Baikal

Lugares remotos: El lago Baikal
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Si miramos un mapa o una fotografía satelital de la región remota de Siberia, estoy convencido de que facilmente nuestras miradas serán atraídas casi de manera gravitatoria sobre un destello azulado que asemeja una cuchillada que surca el corazón del continente asiático. Esa hendidura orográfica descomunal es el lago más grande, más antiguo y profundo del mundo, su nombre: Baikal.

El lago Baikal es sin duda una de las referencias geográficas más simbólicas de la gran Siberia. Se encuentra rodeada de altas montañas y cobija en su interior la quinta parte del volumen de agua dulce que aloja la Tierra. Este dato de gran relevancia está muy relacionado con la increible profundidad que alcanza en vertical, 1.637 metros y por su extensión, que abarca 31.500 km².

Sobre el terreno, Siberia continúa siendo una de las últimas regiones geográficas lista para ser explorada por la curiosidad de viajeros dispuestos a prescindir de guías turísticas y de alojamientos convencionales. El reino de la aventura tiene aquí una de sus “provincias”.

Los confines de Siberia abarcan desde los Montes Urales hasta el Océano Pacífico y desde el Océano Glacial Ártico a Kazajistán, China y Mongolia. A pesar de tratarse de una zona de difícil habitabilidad por su frío invierno y su emplazamiento remoto, el eco de nombres del pasado continúa recordándonos una intensa vida en esta parte del mundo: nómadas, cosacos, Gengis Khan, zares, gulags, el Transiberiano…

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Justamente cabalgando sobre las estiradas vías del Transiberiano uno puede llegar hasta la ciudad de Irkutsk prescidiendo del avión (vuelo desde moscú en aeroflot). Desde allí encontraremos diferentes alternativas en microbuses o en autobuses de línea para llegar de manera económica hasta el lago. Ya de por sí llegar hasta estas latitudes se convierte en una gran aventura. Pero los por menores de un viaje como el Transiberiano lo dejaremos para otra ocasión.

Es inevitable volver a hablar del Transiberiano, ya que las ciudades como Irkutsk, construídas en las cercanías del lago, surgieron al ritmo de la aparición de la mayor obra ferroviaria jamás construida, la línea Transiberiana. Gracias a la misma muchas de las regiones más remotas de la Unión Soviética, fueron industrializadas.

Hasta a principios del siglo XX, el esqueleto de hierro de esta espina dorsal ferroviaria se veía interrumpido al llegar a la punta sur del Lago Baikal. Allí, era necesario que locomotora y vagones fueran transbordados a la orilla opuesta en un ferry rompehielos, mientras pasajeros y equipaje eran cruzados en trineo, evitándose así un largo rodeo por tierra.

Los paisajes en el lago cambian abruptamente al ritmo del paso de las estaciones. Por ello, muchos son los que piensan que es necesario una visita monográfica según la estación. Y aunque normalmente lo solemos visitar en el verano, por ser la temporada donde se facilita el acceso a la zona, sin duda, el invierno es el momento más especial de encuentro con el lago.

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En esta estación tendremos la oportunidad única de presenciar un prodigio natural surrealista. Desde mediados de diciembre a mediados de abril, cuando los termómetros llegan a sobrepasar los 35º bajo cero, la inmensidad líquida del lago se transforma en una costra inabarcable de hielo que alcanza un espesor de hasta dos metros. De norte a sur su longitud es de 636 km.

Sobre el horizonte de aire plomizo y gélido afloran 22 islas como si se tratase de un espejismo fastasmagórico.

El espesor de esta increible masa de hielo permite circular en vehículo sobre la superficie del lago sin temor a que se rompa. Las agua sumamente cristalinas, hacen que el hielo resultante se asemeje a un vidrio traslúcido a través del cual mientras caminamos podemos contemplar peces e incluso focas bajo nuestros pies.

No hay carreteras que circunvalen el perímetro del gran lago. Para las comunicaciones entre algunas poblaciones hay que recurrir al barco o al hidroavión en verano y a la conducción sobre el hielo en invierno. Algunas comarcas quedan completamente aisladas entre primavera y otoño, debido a la imposibilidad de cruzar el lago por las grandes planchas de hielo diseminadas que lo ocupan.

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El aislamiento y los difíciles condicionantes climáticos han convertido a los habitantes rurales de estas tierras en auténticos supervivientes adaptados a un medio natural que no otorga nada sin un gran esfuerzo. Un trago de puro vodka ofrecido por sus siempre hospitalarios habitantes siberianos, nos reconfortará aunque no nos guste el acohol.

Los bosques se diseminan en las montañas y en verano es posible realizar caminatas de varios días y acampar libremente. Siempre tomando las precauciones necesarias, ya que en la zona más boscosa habita el oso pardo Siberiano y algunos lobos, que disfrutan recorriendo las inmediaciones de este mar terrestre.

Siberia nos atrapará para siempre con su silencio insondable, con la sensación de encontrarnos perdidos, lejos, muy lejos de todo lo que conocíamos. Quizás en ese instante nos daremos cuenta que sólo, tan sólo esa sensación de soledad, de inmesidad, habrá valído el viaje.

Imágenes | Víctor Alonso, BaikalNature
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