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Lo peor del viajar es la readaptación, ¿a vosotros también os pasa?

Lo peor del viajar es la readaptación, ¿a vosotros también os pasa?
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Cuando nos vamos de viaje, rara vez pensamos en el regreso. Por lo menos no de inmediato. Solemos coger aviones, coches, motos, y hasta bicicletas; en seguida nos hacemos amigos de unos rasta e incluso nos animamos a bañarnos con tiburones. Vamos, que procuramos Vivir, con mayúsculas.

Luego, nos damos cuenta de que la buena vida no dura para siempre. Incluso aquellos que se declaran viajeros incansables al final acaban volviendo a casa, al hogar.

Entre los viajeros existe una leyenda que asegura que después de un viaje fabuloso uno se siente desorientado, y que hace falta, por lo menos, la mitad del tiempo que duró su aventura para volver a hacerse a la vida de todos los días.

Cuando salgo de viaje siempre he sido partidaria de organizar lo mínimo y vivir el día a día sin saber lo que me depararía la vida. Estos suelen ser mis modestos objetivos antes de emprender el viaje.

Para mi viajar es poder escaparme de la rutina y vivir. Despedirme de los puntos de referencia a los que estoy acostumbrada y procurar ir ampliando, poco a poco, mis límites.

Berghaus

Soltar lastre e ir por la vida ligera de equipaje, cargando sólo con lo que me quepa en una mochila, porque no hay mayor felicidad que vivir sin echar de menos las cosas superfluas. Escapar de esa sociedad de consumo sin traumas, gastando lo mínimo y amoldándose a las situaciones con buen ánimo.

Aprender a romper barreras, mezclarse con la gente, dejarnos de individualismos e intolerancias. Salir al encuentro de la gente con generosidad y gracias a esta actitud disfrutar de las cosas buenas que tiene la vida, adaptándose a todo tipo de situaciones y haciendo frente a los imprevistos.

En otras palabras, volver a lo esencial, y darte cuenta de que nunca habías sido tan feliz con menos, y que muchas veces los más pobres son los que más tienen.

Miguel303xm

Lo malo es el regreso. Ver en la mirada y en la actitud de los otros que hemos cambiado y que nuestras expectativas ya no son las mismas, y que los demás lo achacan a falta de ambición, y no a la búsqueda de la felicidad.

Volver a la rutina, a la vida ordenada, darse cuenta de que nada ha cambiado, que todo sigue como siempre, sentirse extraño en tu propia casa y ponerse a pensar ya en el próximo viaje.

Fotos | Mav, Berghaus, Miguel303xm

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