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Diez trucos, mitos y otras cosas que no sabía pero descubrí en mi primer viaje a Las Vegas

Diez trucos, mitos y otras cosas que no sabía pero descubrí en mi primer viaje a Las Vegas
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El año pasado tuve la ocasión de viajar unos días a la Ciudad del Pecado, Las Vegas, antes de encarrilarme en la famosa Ruta66 (aventura que os explicaré en otra ocasión). Tenía curiosidad por visitar el epítome de la ciudad del desenfreno. No soy amigo de los excesos, ni de los ruidos, ni de las aglomeraciones. Sin embargo, allí fui. Y el viaje me sirvió para derribar muchos mitos, aprender algunos trucos, e incluso admitir, frente a propios y extraños, que hay que viajar a Las Vegas al menos una vez en la vida.

A continuación, las cosas más personales que aprendí, por si os puede servir para vuestro próximo viaje:

1.

No es un lugar de prostitución y fiesta tipo pueblo costero donde la gente pierde el control. No vi apenas borrachos. No vi vómitos. No vi descontrol. La prostitución está prohibida, así que se disfraza de shows de mujeres que bailan de forma provocativa, pero esos lugares no están a la vista si te limitas a visitar el Strip (salvo algunas personas que te abordan para entregarte publicidad de estos shows). En Las Vegas también hay familias, parece Port Aventura. Sí, a Las Vegas puedes ir a relajarte. Y los niños pueden pasarlo genial. Otra cosa es que viajéis a Las Vegas original, la más antigua y decadente. Pero si os limitáis a visitar Las Vegas recién construida, apenas encontraréis diferencia con una calle de Nueva York, mezclado con cierto aire a parque temático, Marina D´Or y demás. De día, la gente acude a playas artificiales, piscinas, espectáculos. Por la noche, se dedican más al juego, aunque puedes pasar por completo de jugar y dedicarte a probar restaurantes, asisitr a espectáculos o sencillamente pasear.

2.

A pesar del mito de que en Estados Unidos se come mal (más falso que un duro sevillano) o insano (solo en el caso de la gente sin demasiados recursos), Las Vegas es un lugar idóneo para poner a prueba nuestro paladar. No en vano, en algunos hoteles de la ciudad se encuentran algunos de los mejores restaurantes del mundo. Chefs de reputación internacional como Gordon Ramsey tiene aquí su propio restaurante, por ejemplo. Si comes mal en Las Vegas, pues, es porque quieres.

Ay, diosito

3.

Olvidaos de esa imagen de una máquina vomitando cientos de monedas para recoger ávidamente con un vaso de plástico
. Muy pocas máquinas funcionan con monedas: la mayoría funcionan con billetes o directamente con la tarjeta de crédito. Y si ganas, hayas echado monedas o no, el dinero te sale en forma de tiquet impreso con la cantidad obtenida, que luego puedes canjear en cualquier oficina. Nada más llegar, eché mi primer billete de dólar en una máquina, como podéis ver en la foto de arriba (en la que también me estoy encomendando a alguna deidad). Y ¡gané! En la siguiente foto, el tiquet de mi "dinero" obtenido (sí, solo gané 15 céntimos... los dioses no me apoyaron).

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4.

Para comer hasta reventar las costuras de la ropa, nada como los pantagruélicos buffets libres que se ofrecen en casi todos los hoteles del Strip (la calle principal). Generalmente se recomienda con entusiasmo el buffet libre del Bellagio: siempre hay cola, el precio para cenar es elevado y las dimensiones y oferta gastronómica del lugar es asombrosa. Sin embargo, os garantizo que no es para tanto. En ocasiones hay demasiada gente, y muchos platos están compuestos esencialmente de fritanga.

5.

Si queréis probar un buffet más económico y, si bien no tan espectacular, con mejor calidad en la comida, entonces id de cabeza al buffet libre del hotel Treasure Island (mi hotel favorito donde residir, porque es donde hay menos follón). Además, si os alojáis en el Treasure Island, probablemente os obsequiarán con dos entradas gratuitas al buffet, a cualquier hora y con bebida incluida. Sí, todo absolutamente gratis. Para que os hagáis una idea: pedimos unos ravioli de langosta (te los cocinan in situ, frente a ti, y puedes ir añadiendo ingredientes a tu elección, en plan orgía dionisíaca), con su salsa de tomate y vino blanco con gambas y parmesano. También hay un buen surtido de sushi y sashimi. Hay una gran variedad de panes, todos los ingredientes necesarios para crearte tu propio plato de Acción de Gracias, patatas enormes que pueden abrirse para ser rellenadas por toda clase de cosas... y los más importante, los postres: son mejores que los del Bellagio: el helado no es cutre de surtidor, sino que es un amable camarero el que te pone las bolas que tú solicites (hay muchísimos sabores y son de gran calidad); finalmente puedes bañar tus helados de almendras, cookies y otros toppings, además de nata y chocolate caliente. grulp... perdón, eso ha sido mi estómago.

6.

Hacer check-in en Foursquare es sumamente lucrativo en Estados Unidos, y particularmente en Las Vegas. Por ejemplo, al hacer check-in en el Mandalay Bay nos entregaron bebidas gratis al acudir a comer a un restaurante concreto. Hay un pase de buffetes que te permite acceso a todos los buffetes de los hoteles: 7 buffetes en 24 horas. Para ponerse redondo. O para morir de infarto de miocardio.

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7.

Alojarse en Las Vegas es barato. Yo por 55 € me alojé en una habitación espectacular. Y, además, con todos los descuentos y bonos que te entregan al hacer el check-in, prácticamente ya no debes pagar por ninguna comida o desayuno. Las Vegas puede ser muy barato, si así lo deseas, sin prescindir del lujo: estábamos en un hotel espectacular, de miles de habitaciones, y la nuestra, en particular, tenía una asombrosa vista del Strip. Me sentía como en una película de Hollywood. Como un potentado. Asomándome en albornoz desde el piso 30, sin perder detalle del espectáculo que se celebraba frente al hotel (arriba está la foto que tomé desde mi habitación nada más llegar). Y todo por lo que cuesta un hotel normalito en cualquier otro sitio de España. (Supongo que Las Vegas vive del dineral que la gente se deja en el juego). Un buen truco: inscríbete al Facebook del Hotel, a todos las historias de su web oficial. Y al hacer el chek-in, dile sin pudor al que te atienda que te gustaría tener una habitación bonita. Al parecer, funciona, o al menos nos ha funcionado a nosotros y a todos los amigos que lo han probado.

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8.

En todos los hoteles y casinos se permite fumar, pero no huele a humo gracias al aire acondicionado, los ambientadores y el sistema de ventilación. Es alucinante, en serio. Yo no fumo, odio el olor a tabaco, pero casi en ningún momento sentí que allí había fumadores.

9.

Los espectáculos no son cutres ni se limitan a chicas bailando: los mejores espectáculos del mundo se llevan a cabo aquí, desde teatro a circo, pasando por magia, monólogos y números musicales. Artistas de talla internacional. Conciertos únicos. Por ejemplo, nunca habréis visto un espectáculo verdadero de Cirque du Soleil si no lo veis en Las Vegas: allí tienen escenarios fijos, lo que permite llevar el show hasta extremos inéditos. No sé quienes de vosotros habrá visto el show de Cirque du Soleil dedicado a Michael Jackson: hasta que no lo veais en Las Vegas, no sabréis lo verdaderamente asombroso que puede llegar a ser.

10.

Si te abstienes del hecho de que todo lo que te rodea es falso, de cartón piedra, lo cierto es que visitar todos los hoteles del Strip es una experiencia increíble: entre divertida, perturbadora y, sobre todo, que promueve una y otra vez la frase "pero ¿cómo se han atrevido a hacer esto?". De este modo visité Roma, los canales de Venecia, la Torre Eiffel, Nueva York, el puente de Brooklyn, Egipto... y un largo etcétera. Por ejemplo, en Venecia siempre es de día porque estás bajo techo, y el techo simula ser un cielo diurno con sus nubes y todo. Aquí los horarios no importa. Nadie pregunta nada. Cada uno come, juega, se divierte a la hora que le da la gana, ya sea de forma relajada o en plan despiporre. Y, ya digo, si logras olvidar que todo es falso, incluso puedes dar la vuelta al mundo sin salir de los hoteles (la mayoría están interconectados a fin de que no sea necesario que pises la calle... incluso a través de trenes).

Fotos | Sergio Parra

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