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El lago Leman: un lugar lleno de historias y de belleza
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El lago Leman: un lugar lleno de historias y de belleza

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Aún recuerdo perfectamente la primera vez que contemplé el lago Leman. Fue hace algo más de diez años, en un día soleado de principios de junio. Estaba a punto de recorrer 75 kilómetros de su orilla a lomos de una bicicleta.

Y también estaba a punto de descubrir que aquel lago suizo, casi del tamaño de un mar, estaba repleto de belleza y de buenas historias que contar.

Casi un mar suizo

Interminables viñedos quedaban a nuestra izquierda, y el lago Lemán ya lucía sin apenas interferencias a nuestra derecha, cuando lo pude contemplar desde un promontorio.

El lago tenía las aguas cristalinas y desprendía reflejos feéricos gracias al sol que nos acompañaba. Estaba plácido y reluciente como la piel de un pez espada. Era un lago enorme: es el mayor de los lagos suizos, y es el mayor embalse de agua dulce de Europa.

Tiene forma de hoz y mide 72 kilómetros de longitud y 13 de anchura desde el centro. La profundidad es de 310 metros. Al igual que sucede con el mar, el lago Lemán está sujeto a mareas, aunque la diferencia no supera los 5 milímetros.

Si bien las dimensiones del lago son considerables, muchos ecologistas temieron que, con el tiempo, acabaría contaminado si seguía creciendo el número de personas que vivían en sus orillas. Así pues, se puso en marcha un plan de conservación que ha retirado aquellos miedos. Por ejemplo, en 1986 se prohibió el uso de fosfatos en la composición de detergentes y en los procesos de fertilización de los campos, pues algunas especies piscícolas estaban siendo amenazadas por ellos.

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Tiene muchos hitos en el camino. Como un tenedor gigante clavado en su superficie, ideal para tirar fotos.

Aquí, unos 200 años antes, también había llegado John Milton. En estas orillas también estuvieron viviendo Voltaire y Jean-Jacques Rousseau, que abrió el camino a los Derechos Humanos y a la Revolución Francesa. Aquí también vino a morir Freddie Mercury.

También en la orilla, cerca d Ginebra, está Villa Diodati, una lujosa residencia a orilla del lago Lemán, fue el lugar de reunión de tres escritores durante el tenebroso año 1816. Aquí Mary Shelley escribió la historia del monstruo de Frankenstein.

Publicada en 1818, Frankenstein o el moderno Prometeo está inscrita en la tradición de la novela gótica y quizá sea la primera historia moderna de ciencia ficción. Casualmente, en Villa Diodati también nació otro icono del terror: Drácula, al menos como concepto. La historia que había escrito Polidori era El vampiro (Drácula, de Bram Stoker, sería posterior), y fue el primer relato moderno sobre vampiros.

Todas estas cosas y muchas más alberga el lago Lemán, casi un mar, un lugar que debe recorrerse con calma, paladeando cada una de sus historias.

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