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Islas Eolias: El transporte

Islas Eolias: El transporte
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El transporte es uno de los principales problemas de los viajeros para llegar a las Islas Eolias, puesto que los desplazamientos desde ciudades europeas con buenas conexiones aéreas a Sicilia superan fácilmente las 8 horas para llegar a las islas. Si por el contrario se quiere llegar a las Eolias desde ciudades con conexiones indirectas, la duración del trayecto puede incluso superar a la de un viaje transoceánico, con el añadido de los frecuentes e inevitables cambios de medio de transporte. La traumática geografía eoliana no ha permitido hasta el momento la construcción de un aeródromo en las islas, que únicamente cuentan con un servicio de heliopuerto dedicado más a posibles emergencias que al transporte de pasajeros. Aunque el helicóptero se puede contratar libremente, pagando obviamente un extra nada desdeñable.

A finales de octubre, la llegada a los aeropuertos de Catania o Palermo exige largos recorridos de más de dos horas en coche, autobús o tren hacia Milazzo, desde donde parte el transporte marítimo hasta las Islas Eolias. Una vez en Milazzo, hay que tener una cierta dosis de previsión con los horarios para que las horas de salida coincidan con las de llegada, a riesgo de quedarse en el puerto sin salidas previstas hasta la mañana del día siguiente. El trayecto en barco desde Sicilia a Lipari dura un mínimo de una hora y media, siempre dependiendo del estado del mar. En plena temporada estival la oferta de desplazamientos en barco a las Eolias se amplía con salidas desde otros puntos de Sicilia, como la propia capital Palermo.

Lo que queda muy claro una vez llegamos a las Eolias, y pronto, es que al final el mar es quien decide. Decide a veces donde cenar, donde dormir, qué hacer…

Los desplazamientos entre las diferentes islas se llevan a cabo en los llamados aliscafos, unos pequeños barcos inapropiados para el mar abierto, si éste está más agitado de lo normal, por lo que antes de confeccionar un horario hay que esperar que el mar esté de acuerdo con él. Y finalmente, si el mar decide que no hay desplazamientos, pues no hay. Así de sencillo. Hay que quedarse donde se está en ese momento, buscar alojamiento y comida, y esperar que se calme. Aunque esta incomodidad para los residentes en las islas puede ser, sin duda, también un aliciente añadido para el viajero.

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