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Domingo en Tarifa

Domingo en Tarifa
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Algunos lugares, por cercanos, por familiares, pierden parte de su encanto. Esa potente atracción que nos deslumbró la primera vez que pusimos nuestros pies allí, suele diluirse con las sucesivas visitas. Sin embargo, en ciertas oportunidades, recobramos aquel sentimiento primero y volvemos a descubrir el paisaje, volvemos a caer en su embrujo.

Éso me sucedió un domingo en Tarifa.

Isla de Tarifa

Una mañana clara y soleada, con perspectivas de calor suficiente para disfrutar de la playa, nos impulsó nuevamente hacia el fin de Europa. Ese punto pequeñísimo y trascendente donde el Mar Mediterráneo se encuentra con el Océano Atlántico.

Punto de paso obligado de miles de barcos desde aquellos tiempos en que los hombres osaron quebrar las reglas de lo conocido: sí, había mundo más allá de las Columnas de Hércules.

Pasando frente a la puerta de Jerez de las murallas, seguimos la avenida que deja a la izquierda el casco histórico de Tarifa, para llegar hasta el acceso a la "isla de Tarifa". Hoy en día, unida a tierra firme por un camino que literalmente nos deja entre dos aguas.

Tarifa 3

A nuestra izquierda, una pequeña playa enfrenta las aguas siempre bravas del Mediterráneo. A corta distancia del puerto desde donde salen los ferries y barcos hacia Africa.

Tarifa 4

Frente a nosotros, la isla de Tarifa propiamente dicha donde se encuentra la fortaleza. Aquí vemos el cartel que señala que estamos en el extremo sur de Europa, abatido por los vientos del encuentro de dos mares.

Tarifa 2

A nuestra derecha, ya sobre el Océano Atlántico se abre amplia y generosa la bahia donde la arena dibuja playas eternas. La playa de los Lances es la más famosa y extensa. Capital del winsurf mundial y siempre un espectáculo en sí misma.

Al fondo se adivina la duna gigante de la Paloma, con una playa maravillosa y transparente. Un secreto: al final de la playa, casi donde se inicia la amplia bahía de Valdevaqueros, las rocas nos regalan unos baños de barro que dejarán nuestra piel como la de un bebé.

Sentarne a mirar el mar a uno u otro lado, sentir el viento tarifeño y traerme estas fotos de mi paseo, han sido parte de la experiencia de redescubrir Tarifa.

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