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Viajando con la bolsita en la mano

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A partir de ayer comenzaron a aplicarse las nuevas normas de seguridad en vuelos de la Unión Europea, que hemos venido comentando. ( Diario del Viajero I y II)

Y Diario del Viajero estaba allí, probando in situ como se ponen en marcha.

El azar quiso que me tocara tomar dos vuelos ayer, y probar cómo es éso de volar con una bolsita transparente en la mano.

En primer lugar digamos que, a las conocidas filas de espera para pasar por los controles de seguridad, hay que sumarle el desorden que provoca que los pasajeros vayan desarmando sus equipajes de mano durante el camino, sacando los botes de champú, geles varios y cremas de todo tipo, para colocarlos en la famosa bolsita.

Ésta era provista por las compañías aéreas (al menos ayer, el primer día) y por los encargados de seguridad que, además de contestar todo tipo de cuestiones (¿la antiarrugas también?) iban con un rollito de bolsas bajo el brazo.

Así pues, mientras la fila avanza despacio hacia el arco detector de geles explosivos, nos vamos enterando todos que aquella señora elegante lleva un adhesivo para dentaduras postizas, o que el señor tan juvenil carga con una tintura color caoba para el cabello.

Kilos de cremas humectantes, antiarrugas, gel de baño, champú para todo tipo de cabellos, ungüentos, bálsamos anti estrés y demás, quedan al descubierto y al desnudo en esas famosas bolsitas que tan cruelmente muestran lo más íntimo de nuestro diario vivir.

Y así, espiando el contenido de la bolsita de nuestro colega de espera (y él la nuestra, claro) vamos llegando al detector, subiendo la maletita, poniendo la bolsita y el abrigo en la bandejita, pasando todo por la cinta... Y vuelta a cargar con nuestras cosas camino a la puerta de embarque.

Ahora sí, en caso que tengamos sed y optemos por comprarnos una simple botellita de agua, o comprar ese perfume o licor, sepamos que iremos acumulando bolsitas de plástico hasta el momento de llegar a casa.

Y habremos paseado por delante de todos, nuestros usos y costumbres más privados. Ya todos sabrán qué crema dental usamos o si nos tomamos una copita de lemoncello antes de irnos a dormir.

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