
Me parece claro que el carnaval sirve para divertirse, para disfrazarse, para bailar, para bromear, para desinhibirse, para pasarlo bien… También para satirizar de manera divertida nuestra sociedad y los hechos más actuales. Por eso no entiendo muy bien qué se pretendía con esta carroza, de tan mal gusto que he tenido que pensarme 2 veces si ponerla como encabezamiento a esta entrada.
No me imagino la carroza plagada de cadáveres amontonados desfilando por las calles entre confetis y robustos bailarines al ritmo de samba. Lo mismo ha debido parecerle a la justicia brasileña que, tras una denuncia por parte de la comunidad judía, ha decidido prohibir el desfile de tan horrenda carroza.
El crudo realismo de la montaña de cuerpos escuálidos y desnudos es coronada por la figura de Hitler bailando samba, banalizando así uno de los episodios más crueles y trágicos de la historia de la humanidad.
Para mí es sin duda una acertada decisión dejar apartado este triste recordatorio del Holocausto preparado por una de las más famosas escuelas de samba cariocas, la de Viradouro.


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