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Un café en Tozeur

Un café en Tozeur
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Tomarse un cafetito en una terraza en Tozeur y ver la vida pasar. Es algo que no requiere demasiado esfuerzo y uno no se aburre de las cosas que suceden a su alrededor.

Unos tunecinos intentan convencer a una pareja francesa que si riegan una rosa del desierto esta crecerá como una bella flor. Un carro arrastrado por un burro lleva a una docena de niños al colegio mientras a tu lado un grupo de locales se despierta con su café, su periódico y dándole a la chicha.

Todo sucede a ritmo cansino y el café se termina demasiado pronto, pero uno no tiene ganas de levantarse y deja ir la vista para contemplar lo que sucede a su alrededor. El chico que en principio parecía ser el camarero ahora se encuentra en la tienda de enfrente tratando de venderle unos mosaicos a una familia inglesa. Una tunecina bien hermosa ocupa tus ojos y tu atención unos segundos y cuando vuelves la mirada a la tienda, el vendedor vuelve a ser de nuevo camarero y la familia inglesa lleva un nuevo mosaico bajo el brazo.

Te preguntas si aquí hay propiedad privada o es todo un circo amenizado, perfectamente intrincado y maniobrado para que el dinero brote sin demasiado esfuerzo y, a su vez, te preguntas cuánto habrán pagado por aquel pobre mosaico que bien podría estar expuesto en un todo a cien chino en la esquina de casa.

Pides otro cafetito y vuelta a empezar...

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