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Descubriendo los secretos del cine en Warner Bros Studios (acompañado de garrulos) (y III)

Descubriendo los secretos del cine en Warner Bros Studios (acompañado de garrulos) (y III)
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Como os decía en la anterior entrega de este artículo, recorrimos innumerables calles, casas y estancias que habían servido de rodaje para prácticamente todas las películas y series de Warner Bros. Lo más especial, sin embargo, lo guardaron para el final.

Tras recorrer un plató enorme dividido en diferentes espacios donde se grababan los interiores de las casas y edificios del exterior, nos condujeron a una suerte de puerta sellada. Tras ponernos sobre aviso, zas, la abrieron y nos dejaron entrar al plató de Central Perk, la mítica cafetería que siempre aparecía en la serie de Friends.

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Habían dejado todo el plató montando de forma permanente para que los visitantes pudieran visitarlo. Pero claro, íbamos con garrulos, así que, salvo nosotros, los demás no parecían muy interesados en estar allí. Apenas nos dejaron estar tres minutos. Tampoco nos permitían cruzar más allá de determinado límite. Y ni siquiera parecía que nos pudiéramos sentar en el mítico sofá (aunque nosotros lo hicimos, en un descuido del guía, porque somos así de ácratas).

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El lugar, como podéis ver en las fotos, era idéntico a la serie. Era sorprendente estar allí. Pero lo más sorprendente era… lo pequeño que era todo. El guía ya nos había explicado que si todo nos parecía más pequeño e poco impresionante en realidad que en las películas se debía a un efecto óptico de las cámaras de filmación. Al situar una cámara en un extremo del plató de Central Perk, el plano sugiere que la cafetería es el doble o hasta el triple de amplia de lo que es en realidad. De verdad, Central Perk, in situ, es una cafetería diminuta.

Como también es diminuta la ropa que usa Ellen Page en Origen (Inception) o Anne Hathaway (Catwoman en El caballero oscuro) en las películas. Tan diminuta que la cintura parece más el de una muñeca que el de una mujer real. Preguntamos también al guía sobre eso: ¿realmente aquella ropa que teníamos delante pertenecía de verdad al rodaje o eran versión más pequeñas? No, era la ropa de verdad. La razón de que en realidad todo sea tan pequeño es que las lentes de cine todo lo amplían. Como dice la sabiduría popular, la tele engorda. De este modo, para que Catwoman nos parezca medianamente estilizada debe, en realidad, rozar la anorexia. Ser una Barbie enfermiza.

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Toda esta ropa, así como otros objetos de películas, tuvimos la oportunidad de contemplarlos en un museo permanente que Warner Bros ofrece a los visitantes del Tour, al finalizar el mismo. La muestra es impresionante, espectacular, la mayor colección de ropa y objetos de cine que haya visto jamás. Y todo 100% auténtico. Sin embargo, no puedo ofreceros ninguna prueba fotográfica de ello porque a la entrada te requisan teléfonos móviles y cámaras de fotos. Increíble, pero cierto. Está prohibido inmortalizar nada de lo que haya ahí dentro. Nada.

Lo cual es una pena, porque hay dos plantas enormes llenas de vitrinas con toda clase de cosas. La planta de arriba es casi monotemática, dedicada a Harry Potter, pero abajo encotramos el cuardo de notas del protagonista de Origen (Inception), la carta manuscrita entera que Ross le envía a Rachel para pedirle perdón por “tomarse un descanso” de Friends, las armas de El caballero oscuro, toda clase de complementos de vestuario, los libros de magia, las varitas auténticas, y un largo etcétera.

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Otra sorpresa que te espera se produce al visitar un hangar donde se encuentran diversos vehículos de películas, desde el coche de Batman hasta la moto que aparece en Matrix, pasando por la furgoneta de Scooby Doo. Allí te toman una fotografía sobre una pantalla de croma en la que aparece rodeado de humo la locomotora de Harry Potter. Finalmente te entregan la fotografía totalmente gratis, y apareces allí, esperando el tren, en el andén 9/14.

Así de extraños son los estudios cinematográficos de Warner Bros (y supongo que el resto de majors no le irán a la zaga). Un lugar donde todo es de cartón piedra, donde se fabrican sueños que en realidad son más pequeños y rutilantes de lo que lucen en pantalla, donde Henry Miller decía, en una carta dirigida a su amigo Lawrence Durrell:

De vez en cuando voy a los estudios para ver cómo ruedan una película. Es grotesco. El film avanza un milímetro por día, con gran ruido y gritos, y en un ambiente sofocante. Sólo con los focos ya te vuelves loco. La cámara lo domina absolutamente todo. La mayor parte de los que participan son técnicos. La tarea de los actores parece secundaria.

¿Dónde está el glamour? Gruocho Marx lo resumió mejor con su particular retranca:

En mis veinte años trabajando en el cine he andando centenares de kilómetros a toda clase de temperaturas, a lo largo de falsas calles, a través de torres de Babilonia, por muelles de Marsella, por los desiertos de arena y en quiscos (todos escenarios cinematográficos, claro), buscando frenéticamente, no el amor, sino un pequeño lavabo confortable, cálido, acogedor.
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