Un precioso atardecer en Samaná. Cayo Levantado

Un precioso atardecer en Samaná. Cayo Levantado
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Samaná es una de las 32 provincias de la República Dominicana. Esta zona turística clásica de la isla, se encuentra en el noreste del país, ocupando la Península del mismo nombre, teniendo su capital en la ciudad de Samaná o Santa Barbara de Samaná.

En el mismo viaje en que pude recorrer parte de la selva de esta península cuando estuve visitando la catarata o Salto el limón, una de las más bellas del mundo, también estuve en una maravillosa playa disfrutando, casi al completo de un precioso atardecer en Samaná.

Había contratado una excursión desde Santo Domingo y tras un pequeño vuelo llegamos a la península de Samaná. No os imagináis las ganas que tenía de recorrer esa zona que no está en la costa del mar Caribe sino en la del Atlántico.

Además de visitar esa parte de la isla y disfrutar de una buena caminata por la orilla, según el plan previsto teníamos la tarde libre hasta la cena, para disfrutar de una siesta, por lo que nos esperaba un rato de descanso y un precioso atardecer.

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A la playa de Cayo Levantado había que llegar en barco y en ella esperaba un chiringuito con bebidas y unas pérgolas en la playa, acondicionadas con colchones para poder tumbarse y disfrutar del espectáculo.

Lo bueno es que las pérgolas estaban lo suficientemente separadas unas de otras como para tener cierta intimidad y lo suficientemente juntas para formar parte de una zona de recreo en la que te podías tomar un cóctel de coco o de piña con su correspondiente paraguitas encima.

A esta playa situada en Cayo Levantado en la península de Samaná, se le conoce mucho más por el nombre de Playa Bacardi porque las pérgolas blancas salían en uno de los más recordados anuncios comerciales de esta marca de bebidas alcohólicas.

Comenzamos con los paseos y tras darnos un baño en la playa nos acercamos al chiringuito donde nos comimos unas langostas caribeñas hechas en la barbacoa y unas ensaladas acompañadas de unas cervezas. Luego volvimos a las pérgolas Bacardi para amodorrarnos en lo que parecía que iba a ser una buena siesta.

El atardecer en Samaná

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Lo que resultó algo preocupante es que en el chiringuito, además de ofrecernos las bebidas y la comida, nos ofrecieron también unos botes con loción antimosquitos, avisándonos de que por allí eran bastante voraces.

Con tal advertencia, nos untamos bien con aquel producto local que reforzamos por las dudas con nuestro propio repelente. Entonces el sol estaba aún suficientemente alto como para disfrutar de las vistas, los cambios en la luz y los lejanos sonidos de las olas y las gaviotas. Incluso, una vez acabado el primer cóctel creo que aproveché para dar una buena cabezada.

A continuación comenzó el espectáculo. En su recorrido descendente, el sol atravesaba en su órbita un par de palmeras que me permitieron tomar algún contraluz interesante y después se escondía tras otra pérgola igual que en la que yo estaba tumbado haciendo las fotos.

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Reconozco que la loción antimosquitos hizo un buen trabajo porque mosquitos había unos cuantos, aunque no resultaron demasiado agresivos, por suerte. Gracias a ello o a la eficacia del repelente local pudimos hacer muchas fotografías mientras bajaba el sol formando paisajes decorados por tan bellos colores.

Después, la calma de la noche y el sol que seguía iluminando unos minutos más tras el horizonte nos ayudaron a recoger nuestros objetos personales y disponernos a regresar al barco que nos llevaría de vuelta a nuestro hotel.

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