Visita a la Iglesia del Santo Sepulcro

Visita a la Iglesia del Santo Sepulcro
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Con independencia de la religión que se profese, e incluso de si se es creyente o no, la visita a la Iglesia del Santo Sepulcro es una de las experiencias más intensas que pueden vivirse en Jerusalén.

Desde el mismo momento en que uno pone el pie en su interior, las emociones se suceden unas a otras sin dar un solo descanso a nuestros aturdidos sentidos. La primera de ellas, especialmente si no se siente simpatía hacia la institución de la Iglesia, puede ser la decepción e incluso el rechazo. Y sería totalmente legítimo: la Iglesia del Santo Sepulcro es un auténtico escaparate de riquezas que poco parecido guarda con el aspecto que cabría esperarse del lugar donde fue enterrado Jesucristo.

Por eso, para aprovechar al máximo nuestra visita a este lugar tan sagrado como disputado, quienes se sientan así han de hacer un esfuerzo por dejar esa emoción atrás y centrarse en la energía humana que acumula el lugar. Una energía mayor si cabe al reparar en que bajo ese mismo techo se encuentran tres de los lugares más sagrados para la religión cristiana: la Piedra del Ungimiento, el Monte Calvario, y el Santo Sepulcro.

La Piedra del Ungimiento

A apenas unos metros de la puerta se encuentra el primero de ellos, la Piedra del Ungimiento, sobre la que hombres y mujeres se arrodillan para orar, y en muchos casos llorar, con una Fe que haría dudar al más ateo.

Incluso desde el mayor de los escepticismos resulta complicado no estremecerse ante una imagen que sólo puede tener lugar en una ciudad como Jerusalén. Quizá al ser el primer Santo Lugar que se ve, y en cierta manera no esperarlo, el impacto es aún mayor.

Capilla del Monte Calvario
Capilla del Monte Calvario

El Monte Calvario

A la derecha de la Piedra del Ungimiento, unas escaleras llevan a lo alto de un montículo rocoso en el que se ha querido reconocer el monte Calvario, el Gólgota, o en otras palabras, el lugar exacto donde Jesús fue crucificado.

La fila para besar y tocar la Santa Roca, protegida bajo un cristal, es larga, pero no tanto como la que espera en el Santo Sepulcro. Resulta aconsejable detenerse un rato en este lugar, para rezar quienes así lo necesiten, o sencillamente para observar si no se siente ninguna inquietud religiosa. En cualquiera de los dos casos, el ambiente que se respira merece ser paladeado y digerido con lentitud.

El Santo Sepulcro

Y, por fin, la Basílica del Santo Sepulcro, según la tradición construida por la Emperatriz Helena, madre de Constantino el Grande, en el lugar donde Cristo fue enterrado y resucitó a los tres días.

El tiempo de espera para entrar en la capilla en este caso puede superar la hora, y ni siquiera así tendremos la posibilidad de ver la verdadera cámara mortuoria, ya que ésta se encuentra completamente revestida de mármol. Por este motivo, en mi opinión resulta mucho más interesante permanecer fuera, observando el trasiego de los sacerdotes ortodoxos que la protegen y las conmovedoras muestras de Fe de quienes se arremolinan a su alrededor.

La visita a la Iglesia del Santo Sepulcro no termina ahí. Como todos los templos de esta índole, la Iglesia es una auténtica galería de arte en la que pueden ser invertidos ya no horas, sino días enteros.

Entre sus incontables rincones me gustaría destacar por su belleza la capilla armenia dedicada a Santa Helena, madre de Constantino, situada bajo tierra. En ella se respira un ambiente mucho más tranquilo y podremos sentarnos un rato para recuperar fuerzas y reflexionar sobre lo visto y vivido.

Fotos | Carmen En Diario del Viajero | La Tumba del Jardín, en Jerusalén, ¿Por qué pelean en el Santo Sepulcro?

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