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A 30.000 pies de altura: De niños polizones y pasajeros que no viajan sin su pijama

A 30.000 pies de altura: De niños polizones y pasajeros que no viajan sin su pijama
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Porque el mundo de la aviación comercial tiene muchos datos e historias interesante para conocer, aquí volvemos con nuestras curiosidades a 30.000 pies de altura.

  • Una abuela regresó de sus vacaciones en República Dominicana con su hija y sus nietos. A su llegada al aeropuerto Roissy Charles de Gaulle de Paris espera hasta último momento su valija. Sí, esta vez le tocó a ella esperar hasta que ya no quedaba nadie en la zona de entrega de equipaje. Toma la que creía su maleta y sale del aeropuerto junto con su familia para tomar un taxi a su casa. A la llegada, imaginen la cara de la abuela cuando al abrir “su” maleta encuentra 25 kilos de cocaína en lugar de sus pertenencias personales. Llamó inmediatamente a la policía que sigue buscando al traficante… y las prendas y recuerdos de la abuela.
  • Cada año, unos 3 millones de musulmanes viajan a La Meca en peregrinación. Hace unos meses, 1.000 pasajeras keniatas fueron retenidas en el aeropuerto de Medina impidiéndoles el ingreso al país porque viajaban solas sin hombres como acompañantes legales. Finalmente algunas (las más jóvenes y que no tenían el nombre de un marido apuntado en su pasaporte) fueron deportadas a su país, mientras las casadas debieron esperar en el aeropuerto hasta que na delegación masculina volara para intermediar y lograr, al fin, su permiso de entrada para peregrinar.
  • En tiempos de tantos controles, parece mentira que un pequeño pudiera viajar solo, sin documentación ni acompañantes desde Manchester a Roma. El pequeño Liam de 11 años, como en las pelis, se despistó en el aeropuerto y siguió a una familia que no era la suya y embarcó en un vuelo que tampoco era el suyo. Todos pensaban que viajaba con otra persona, pero al percatarse durante el vuelo, el piloto fue informado y el “polizón” volvió a casa en el mismo avión que lo había llevado a Italia para reencontrarse con su familia en el aeropuerto de Manchester.
  • Viajar en Primera Clase tiene sus privilegios. En Qantas, por ejemplo, te dan un pijama especialmente diseñado por una marca internacional para que descanses como en casa en las butacas que se hacen cama. Y deben estar muy buenos porque una pareja de pasajeros de First Class protestaron airadamente porque no tenían pijamas de su talla. El vuelo estaba ya camino a la pista para despegar, cuando el piloto decidió volver a la terminal para que los exigentes pasajeros se bajaran del avión que los hubiera llevado desde Los Angeles a Melbourne, no sin antes contar el porqué al resto del pasaje por el sistema de megafonía. ¿Se imaginan las risas generales?
  • Foto | Tomiaruda
    En Diario del Viajero | A 30.000 pies de altura: Curiosidades a bordo

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