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¿Dónde han quedado las sonrisas de las azafatas y los buenos modales de los pasajeros?

¿Dónde han quedado las sonrisas de las azafatas y los buenos modales de los pasajeros?
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Viajar debe suponernos un placer. Los que amamos conocer culturas y lugares diferentes, caminar ciudades nuevas a nuestros ojos y probar sabores extraños, sabemos que con el viaje colmamos en parte nuestra avidez por nuevas experiencias. Para ello es imprescindible movernos, trasladarnos de un lugar a otro por el medio de transporte que elijamos. Ese tránsito también debería estar dentro de la "experiencia placentera" ya que el viaje comienza mucho antes de salir de casa. Pero no siempre es así.

Después de décadas de vaivenes de las compañías aéreas, la calidad de lo que recibimos como "servicio" se ha ido degradando. Crisis del petróleo, recortes, regulaciones y desregulaciones, subvenciones, quiebras y fusiones, han modificado por completo la oferta aérea de las últimas décadas.

A estas circunstancias debemos sumar los profundos cambios sociales que nos afectan desde hace tiempo. Recuerdo cuando trabajar de "azafata" era una tarea envidiada, con una preparación y un status social deseable. Los empleados de compañías aéreas tenían la posibilidad de viajar y codearse con personas y servicios sofisticados, elegantes, de vanguardia. Estaban bien preparados y aleccionados para atender a una demanda igualmente exigente y educada.

Entre ambas partes de este "contrato social" existía un respeto recíproco. Unos brindaban un servicio esmerado, detallista en cualquiera de sus "clases". Los otros llegaban al vuelo con la expectación de una experiencia de calidad. Eran épocas en que la gente se vestía para volar como si fuera un evento social, o al menos cuidaban su aspecto y sus modos.

Una vez a bordo te sentías un pasajero, un cliente bien atendido. Te sonreían. Te daban la bienvenida con interés, te ayudaban a acomodarte en tu asiento. Ofrecían pasatiempos a los niños y calentaban el biberón para los bebés. Podías pedir un vaso de agua, sin ofender a la madre de nadie.

Tu compañero del asiento de al lado te pedía permiso para pasar. Unos ayudaban a otros a subir el equipaje de mano al compartimento superior. Se dejaban pasar en el pasillo cuando alquien iba con prisas para desembarcar. Se daba las gracias a los auxiliares de abordo. Se preguntaba respetuosamente. Se hablaba en voz baja para no molestar. El pasajero no se sentía ni dueño del vuelo, ni esclavo de la compañía.

vuelo

Quienes hayan comenzado a volar en los últimos años, pensarán que estoy hablando de un tiempo pretérito. Casi de ciencia ficción. Pero no. No siempre se voló hacinado y enmudecido. Y aún hoy algunas compañías siguen manteniendo el verdadero "servicio".

Me pregunto ¿Dónde han quedado esas sonrisas y los buenos modales? Tal vez se han perdido en el mismo agujero negro donde fueron cayendo las condiciones laborales justas, la estabilidad. No podemos echarle la culpa a nadie ni a nada. De todos nosotros depende en parte que esa experiencia de viaje se vaya desgastando hasta convertirse en un "transporte al bulto".

Momento de actuación de jóvenes malpagos con escasa preparación y experiencia mandados a vender lotería a miles de pies de altura, para poder rascar algunos euros de los bolsillos de los pasajeros. Es normal que quienes vamos sentados en ese vuelo, nos sintamos objetivo de rapiña (además de incómodos y siempre a punto de ser timados por web plagadas de trampas cazabobos).

¿Qué ha pasado? En momentos en que se supone que el mundo ha evolucionado, el transporte se ha abaratado, la educación llega a más gente, hemos viajado y conocido mundo y sin embargo, las conductas son cada vez más impresentables.

Foto | Evoo73 En Diario del Viajero | Azafatas

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