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El hombre que quiso convertir su piso en Londres en un país independiente
Cajón de sastre

El hombre que quiso convertir su piso en Londres en un país independiente

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Las micronaciones empezaron a proliferar en la década de 1960 y 1970. Antes sólo encontramos ejemplos aislados, como la ciudad de Llanrwst, al norte de Gales, que fue declarada barrio libre por su príncipe (autoproclamado, claro), ya que su solicitud dirigida a las Naciones Unidas en 1947 al parecer no prosperó. Su lema es <<Gales, Inglaterra y Llanrwst>>; no muy original, por cierto.

Básicamente, una micronación es una entidad constituida como un nuevo proyecto de país que sostiene ser una nación o estado independiente pero que carece del reconocimiento de los gobiernos mundiales u organismos internacionales.

Las micronaciones también han sido de interés por muchos turistas que buscan lugares insólitos. En el mundo hay, en este momento, varios centenares de ellas, y cada una tiene sus normas, sus excentricidades, incluso, algunas, su propia moneda o títulos nobiliarios.

La más rara de todas quizá sea la micronación que casi pudo ser, por los pelos. La razón es que sería la primera micronación contenida en un único piso. Algo así como la República independiente de tu casa.

El piso país

Danny Wallace, como parte de su investigación periodística para averiguar cuán difícil era constituir una micronación, quiso comprobar hasta dónde podía llegar si trataba que se le reconociera como nación su propio piso al este de Londres, al que quería llamar Lovely.

La hazaña fue retransmitida por la BBC en agosto de 2005 en cinco episodios bajo el título de How To Start Your Own Country. El programa para la BBC de Wallace fue ganador de varios premios BAFTA, y en él declara su apartamento en el East End de Londres un Estado independiente, con su propia bandera y su propia Constitución, y hasta declara la guerra al Reino Unido.

¿Recordáis el anuncio para la televisión de la famosa empresa de muebles Ikea, el de <>? Muchos parece que sí, porque su nación-piso cuentó con más de 50.000 ciudadanos, que afortunadamente no tenían que vivir en él.

Algo así lo habíamos visto solo en la ficción, como en el caso de Oceane, la joven diseñadora gráfica protagonista de la novela de Tibor Fischer Viaje al fondo de la habitación, que decide no salir jamás de su casa y viajar sólo de puertas adentro. Pero lo de Wallace era realidad, o casi.

El experimento de Wallace también puede ofrecernos otra lección: que en ocasiones no hace viajar a los confines del mundo para contemplar cosas extrañas o apreciar lo cotidiano bajo el prisma de lo extraordinario. Seguramente podríamos aprender a viajar sin salir de nuestra habitación si nos fijáramos más en los detalles. Tal y como un día ya hizo el viajero Xavier de Maistre: al comprobar que, cada vez que intentaba salir de viaje, tenía un accidente, decidió quedarse en casa y escribir su gran libro de viajes sobre las cosas que contempló en ella, en su célebre Viaje alrededor de mi habitación.

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