Publicidad

Diez cosas de las que no deberías fiarte cuando viajas (I)

Diez cosas de las que no deberías fiarte cuando viajas (I)
1 comentario

Publicidad

Publicidad

A continuación os voy a presentar una serie de consejos que la mayoría de libros de viaje o, incluso, gran parte de los guías turísticos, viajeros o expertos en turismo no suelen decir nunca. Porque no son cosas que se aprendan viajando, ni siquiera leyendo sobre viajes. Son cosas que han ido descubriendo psicólogos, antropólogos, sociólogos y otros expertos de campos alejados por lo general del turista (a no ser que éste, naturalmente, haya estudiado tales materias).

Así que es probable que la mayoría de estas ideas suenen contraintuitivas. Pero ello no significa necesariamente que sean falsas: también resulta contraintuitivo que viajar en avión sea más seguro que viajar en tren pero las estadísticas al respecto sugieren que nuestro temor está profundamente mal enfocado.

También soy consciente de la impopularidad que algunas de las siguientes afirmaciones puedan suscitar en el lector. Es natural: a nadie le gusta escuchar que andaba equivocado. Pero para eso tenéis los comentarios, a fin de matizar, señalar, debatir, enmendar la plana o incluso corregir, porque esto no es la verdad revelada, sino una serie de convenciones generalmente aceptadas desde el ámbito académico.

1. La estadística miente menos que tú

Nuestro cerebro dista de ser una máquina perfecta a la hora de registrar la realidad, por eso usamos herramientas mejor afinadas, como las estadísticas. La humildad es asumir que vivir en un sitio no te proporciona un conocimiento mayor sobre las costumbres de ese sitio, porque tu visión de las cosas siempre será parcial y minoritaria. Ni siquiera haber viajado a un país te hace mejor conocedor de ese país si tus fuentes son, sencillamente, tu visión subjetiva de las cosas (o la visión de quienes conozcas por el camino).

Aquí todos tenemos opiniones personales basadas en experiencias, pero elevar anécdotas a la categoría de una estadística constituye el epítome de la pedantería, a no ser que nos dediquemos a explicar nuestra visión personal de un viaje o de nuestra estancia. Una cosa son los datos, otro las opiniones. Los datos pueden ser falsos, pero las opiniones seguramente lo serán más, en la mayoría de ocasiones. Si no os lo creéis, os recomiendo echar un vistazo a este artículo que escribí al respecto: Si viajas a cualquier lugar, nunca le preguntes al lugareño.

La estadística es una herramienta preciosa para conocer realmente cómo funciona el mundo y evitar los errores de nuestra percepción personal (como tener más miedo al avión a pesar de que hay mayor probabilidad de tener un accidente en coche o tren). Podéis leer más sobre cómo funciona esto en La probabilidad de la improbabilidad: el riesgo de morir en una escalera.

2. Lo puro no es tan puro porque lo miras

Las culturas prístinas e intocadas lo son precisamente porque nadie o muy pocos han interactuado con ellas. Podemos leer acerca de antropólogos que las han estudiado, y aún así será arriesgado creernos su versión de las cosas porque toda cultura se adultera cuando entra en contacto con alguien que la examina. No solo porque el que examina malinterpreta lo que ve, sino porque los propios lugareños se comportan de otra forma frente al visitante.

Los antropólogos usan protocolos específicos para evitar esta adulteración, hasta cierto punto inevitable, así que imaginad hasta qué punto lo que veis no es real si no sois antropólogos. Viajar es, por definición, contaminar. Y lo que vemos, al pasar por nuestro cerebro, queda también contaminado de nuestros patrones culturales y prejuicios. Más en Viajeros egocéntricos: lo inútil de quejarse del número de turistas que visitan un lugar virginal o un rinconcito que solo queremos para nosotros.

3. La tradición solo es repetición, no belleza

Las tradiciones no son mejores ni especiales por ser tradiciones. Solo son aspectos culturales que no han cambiado, y eso no nos dice nada sobre su valor intrínseco (a no ser que regentemos un museo). A veces las tradiciones son horribles, y definirlas como horribles no significa despreciar una cultura, sino despreciar las partes de la cultura que atentan contra lo que consideramos moral, digno o respetuoso. Tan tradicional es la ablación de clítoris como llevar zuecos de madera, pero no son tradiciones igualmente respetables. Así pues, empecemos por describir la belleza de las cosas no por su antigüedad, ni por el número de personas que se acojan a ella, sino por su belleza sin más.

4. Mundo Glocal

Las costumbres no son menos auténticas porque hayan sido adoptadas de otro lugar. Mirad Halloween. Muchos son los que la consideran una tradición anglosajona y, por tanto, fuera del campo cultural europeo. Pero anteriormente, la tradición de Halloween anidó en Europa (se celebraba hacen más de 3000 años por los Celtas, un pueblo guerrero que habitaba zonas de Irlanda, Inglaterra, Escocia y Francia), y fue importada posteriormente a Estados Unidos. No importa de dónde provenga una costumbre o una fiesta si ésta nos gusta. No es más auténtico festejar algo en un país u otro. Todo depende de cómo lo hagamos y de con quién nos rodeemos.

Incluso si todo sucede en un parque temático. ¿Acaso la mayoría de países que reciben turistas no son parques temáticos disfrazados? Lo local es también global, y lo global puede ser local. Vivimos en un mundo glocal. La diversidad cultural es imprescindible, pero la diversidad surge precisamente de la mezcla de culturas, aunque esa mezcla tienda a una suerte de masa homogénea latente. Recibimos inputs americanos, pero también japoneses o indios. Y, a su vez, ellos reciben inputs nuestros. Esto produce puntos de convergencia y similitud, pero también una trasfondo continuamente cambiante. Así que ¿Realmente estamos viviendo una americanización de la cultura?

5. El sabio de la montaña

Cuando nos sentamos frente a un sabio de larga barba perdido en alguna aldea remota y escuchamos sus palabras, tenderemos a otorgarle mayor profundidad de la que tienen. Como ocurre con una frase hecha o un aforismo (del que generalmente puede encontrarse su sentencia contraria, demostrándose así que los aforismos no son verdad por el hecho de ser aforísticos o sonar bien).

Las enseñanzas de una persona de otra cultura pueden parecer mejores porque se nos antojan exóticas, pero no significa necesariamente que sean mejores. Y, por lo general, un sesgo cognitivo de nuestro cerebro tenderá a pasar por alto este detalle. Esa misma frase o enseñanza, en el contexto de una Universidad, probablemente sería abordada con mayor espíritu crítico. O incluso supondría un suspenso en el examen. Así que cuidado: da gusto oír lo que nos tienen que contar sobre la vida, la amistad o el amor personas que a lo mejor ni siquiera saben leer. Pero si buscamos una explicación profunda sobre tales fenómenos es más probable encontrarlos en un ensayo de 200 páginas en el que se haya expuesto de forma coherente el conocimiento acumulado en estos últimos tres siglos y pico. Juntos cuando se fundó La Universidad Invisible, la libre circulación de conocimiento y el no me creo lo que dices hasta que lo demuestres.

En la próxima entrega de este artículo, abordaremos otras cinco cosas de las que no deberías fiarte cuando viajas.

Imagen | AlicePopkorn

Temas

Publicidad

Comentarios cerrados

Publicidad

Publicidad

Inicio
Compartir