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El Cristo: restaurante en la Raya extremeña a no perderse

El Cristo: restaurante en la Raya extremeña a no perderse
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Hay un lugar conocido por todos los habitantes de Badajoz sitúado en ELvas, el primer pueblo tras la raya fronteriza luso extremeña. En el parque de la Piedade y próximo una iglesia de la que hablaré luego, está el restaurante O Cristo, o "El Cristo" para todos los pacenses.Decir que por fuera no es muy coqueto es ser muy benigno, por más de 20 años, el recinto no ha cambiado un ápice. Eso sí, lo bueno está dentro: mariscos frescos cocinados con salsas legendarias y secretas y una atmósfera inigualable.

Nada más entrar te encuentras con un mítico sr. de bigote, el pelo ya plateado, que bolígrafo y papel en mano, pregunta apellidos y número de comensales. Los Rodríguez lo tienen díficil para saber su turno. Mientras esperas te deleitas con los mariscos que esperan vivos a ser pesados y cocinados. Antes de haber encontrado las fotos de los famosos que han pasado por allí (toreros y folclóricas), el sr. de bigote, pronuncia en su inigualable acento de la Raya el apellido de tu familia, y ya se va acercando lo bueno. Por cierto el sr. de bigote es el dueño. Nunca invirtió en decoración, ni falta que hace!

La carta del Cristo no tiene sorpresas, hay que probar el "bacalao dorado", unas "almejitas marineras" y encaminarse al plato estrella las "sapateiras", o bueyes de mar. Dicho esto, no puedo evitar mencionar las imágenes, que tengo grabadas desde niño, de mis familiares con un martillo de madera a modo de los que se usan en los jucicios, y que se repiten en cada comida familiar. A martillazos te ayudas para comerte las patas de marisco. Y puedes chupar si quieres!

Luego paso a la famosa repostería lusa, mi postre preferido y que siempre ordeno ( y digo siempre) es algo llamado Molotof, que está hecho de huevo y se deshace en tu boca. También están las natas (cazuelitas) o el pudin de laranja. Al final unas bicas, o café portugués. La continha (cuenta) llega y hoy en día invito yo, y viviendo en Barcelona, le digo a mi familia que no me lo puedo creer. Es demasiado barato. Luego te despides de los camareros, cuyas caras aún recuerdo, con aspecto de funcionario y pinta de salir de una novela de Saramago. Hombres normales, con bigote. Y más simpáticos que estos culturistas vestidos con faldas que abundan en los restaurantes de nuestras grandes ciudades.

A veces, antes de subir al coche para Badajoz, íbamos a ver la iglesia cercana. Si entras te sorprendrerás de ver cientos de reproducciones de partes del cuerpo humano como piernas o manos. Quizá mejor entrar antes de ir a comer.

Dirección del Cristo | O Cristo

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