Una luna de miel imperial no se parece demasiado a las nuestras: el emperador viaja con una corte entera, con nobles y cortesanos, damas y todo un ajuar cargado en mulas y carros que se adelantan para concretar alojamientos y un itinerario que mezcla el placer y la política, como cuenta National Geographic España sobre la boda de Carlos V con Isabel de Portugal.
Una comitiva imperial
Para situarnos: Isabel de Portugal llegaba a Sevilla el 3 de marzo de 1526 para casarse con Carlos V el 10 de marzo en el Real Alcázar. La boda fue discreta ya que se celebró en Cuaresma y durante el luto por la hermana del emperador. Por ello, la fiesta se dejó para después. Pasada la primavera, el cortejo tomó el camino de Granada, pasando por otras ciudades andaluzas como Carmona, Écija y Córdoba.
Tras visitar Córdoba, la comitiva viajó hasta Alcaudete, un pueblo de la sierra de Jaén que ocupó un lugar bastante más importante de lo que su tamaño haría suponer. Era el 25 de mayo de 1526 cuando llegaron y se tomaron su tiempo para tratarse de un lugar de paso: tres noches, hasta que el 28 de mayo salieron hacia Alcalá la Real.
Aquella comitiva puso , patas arriba la vida cotidiana de un pueblo con calles estrechas y empinadas, en el que difícilmente se podían mover mulas cargadas y caballos doblando cada esquina.
Si llegamos desde Córdoba, como lo hicieron ellos, lo primero que nos encontramos es la fortaleza, encaramada a un cerro que lo domina todo, con el caserío descolgándose por debajo y los olivos y almendros más allá. Alcaudete era entonces un enclave militar fronterizo, duro y poco acogedor. Su origen es musulmán, con reformas almohades. Luego pasó a manos castellanas con Fernando III en 1246, cuando la Orden de Calatrava lo convirtió en castillo conventual, con torre del homenaje, capilla, refectorio, caballerizas y tres aljibes. Bien plantado para resistir, incluso llego a aguantar un asedio nazarí en 1408.
Todo lo que los novios se perdieron
Dónde durmieron los novios es otra cuestión. Lo más probable es que fuera en la casa señorial de su anfitrión, Martín Alonso Fernández de Córdoba, sexto señor de Alcaudete aunque de aquella visita local no queda una crónica clara (se cuenta que el archivo municipal perdió sus actas anteriores al siglo XX). Lo cierto es que el casco histórico por el que paseamos hoy tampoco es el que ellos recorrieron.
Alcaudete también tiene unas cuantas iglesias. La de Santa María la Mayor, a los pies del castillo, se empezó a construir en la primera mitad del siglo XVI sobre una antigua mezquita; la cabecera renacentista de Francisco del Castillo el Mozo se terminó en la segunda mitad del mismo siglo y la torre es del siglo XVII. Nada de eso estaba cuando pasó por allí la comitiva, como tampoco estaba la iglesia de San Pedro Apóstol, renacentista y obra de Francisco del Castillo, que se levantó después.
El convento de Santa Clara es un caso curioso: ya contaba con bula de Alejandro VI desde 1499, fruto del poder de los Fernández de Córdoba, pero su portada de columnas salomónicas, el único ejemplar totalmente en piedra de la provincia, es muy posterior a la visita. El convento sí que estaba, pero no así su portada.
Cuando Carlos V abandonó Alcaudete debió quedar muy satisfecho con su visita: como pago, el 11 de abril de 1529, nombró conde a su anfitrión, en reconocimiento a sus leales servicios, y el señorío pasó a ser el condado de Alcaudete. Casi cinco siglos después, el quinto centenario del viaje nupcial se ha celebrado en 2026 con diferentes ciclos de conferencias, uno de ellos en el propio pueblo.
Imágenes | Jaén Paraíso Interior, Wikimedia, Turismo del Ayuntamiento de Alcaudete
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