Elizondo, la capital del Valle de Baztán, es el pueblo navarro elegido por National Geographic como el pueblo más bonito del mes de octubre en su revista de Viajes. Y no se les puede discutir, con un escenario inigualable, rodeado de montañas, el río Baztán atravesando el casco y un otoño que cambia los verdes de casi todo el año por ocres, amarillos y rojizos. Es justo lo que pide una escapada tranquila en estas fechas.
Buena parte de su encanto está en recorrer el casco sin demasiados planes. Allí encontramos fachadas de piedra, balcones de hierro y grandes escudos nobiliarios que recuerdan el pasado acomodado de algunas familias del valle. No es un decorado heredado de la nada, en la página de Carta de España sobre Elizondo se recuerda que en 1397 el rey Carlos III de Navarra reconoció la hidalguía de los vecinos de Elizondo.
Patrimonio, naturaleza y gastronomía en el Pirineo Navarro
Su posición cerca de los Pirineos la convirtió en lugar de paso y en centro comercial y administrativo del valle, y esa prosperidad se tradujo en casas y palacios que siguen formando parte de su imagen.
Entre ellos destaca el Palacio de Arizkunenea, conocido también como palacio de las Gobernadoras, una construcción barroca de 1730 que es hoy la Casa de la Cultura de la localidad. Está ligado al linaje de los Arizcun y es una de las paradas que mejor ayudan a entender el poder que alcanzaron algunas familias de la zona.
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En cuanto a lo religioso, la iglesia de Santiago es uno de los referentes del pueblo, con sus dos torres barrocas. Elizondo forma parte además del Camino Baztanés: es final de la tercera etapa y punto de salida de la cuarta de esta ruta jacobea, que enlaza con el Camino Francés cerca de Pamplona. Quien quiera conocer mejor la identidad de la comarca puede acercarse al Museo Etnográfico de Baztán, instalado en la casa Puriosenea, que recoge costumbres y tradiciones del valle.
Su fama ya no depende sólo del patrimonio. La 'Trilogía del Baztán', de Dolores Redondo, tiene como protagonista a la inspectora Amaia Salazar, originaria de Elizondo, y algunos de sus escenarios, como el puente de Muniartea o la iglesia de Santiago Apóstol se pueden recorrer. Es ese tirón literario el que lleva a muchos viajeros a buscar los escenarios de la trilogía.
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También hay que comer y en eso, Elizondo tampoco decepciona. La cocina del valle ofrece platos contundentes que sientan bien cuando bajan las temperaturas, como las pochas con chistorra, el cordero o distintas recetas de bacalao, además de la cuajada, tradicionalmente de leche de oveja. Entre los dulces típicos locales destaca el urrakin egina, un chocolate con avellanas enteras.
Con esa mezcla de mesa, patrimonio y naturaleza no hace falta una agenda apretada: caminar junto al río, detenerse ante las fachadas señoriales y perderse por los bosques del valle bastan para llenar un fin de semana.
Imagen | Santiago Boada
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