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Baden-Baden, la ciudad de los balnearios

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Baden-Baden está ligada a la cultura del balneario desde sus lejanos orígenes. Ya en la época del dominio romano esta zona, recostada entre la Selva Negra y el río Rin, era visitada por emperadores, senadores y aristocracia para beneficiarse de sus aguas termales.

De aquella época llegaron hasta hoy las famosas Termas de Caracalla (sí, como las de Roma porque las mandó construir el emperador Caracalla 211–217 d.C.) Hoy en día las ruinas del balneario romano, con 2.000 años de antigüedad, se han transformado en un museo subterráneo bajo la Plaza del Mercado y conectado con uno de los grandes balnearios de la ciudad: el Friedriechsbad.

Ambos conforman uno de los mayores complejos termales de Europa. Duchas, piscinas a distintas temperaturas, salas de descanso, cromoterapia acuática, masajes, sauna, jacuzzis y todos los tratamientos de aguas que puedas imaginarte. Abren desde las 8 de la mañana y hasta casi medianoche, y por unos 20 euros de promedio puedes disfrutar de todos los servicios durante 3 horas. Si quieres con masaje incluído, deberás sumarlo unos 10 euros mas.

Baden-Baden se desarrolló alrededor de sus aguas especialmente a finales del siglo XIX y comienzos del XX cuando la burguesía tomó la costumbre de tomar los “baños” (baden). Así nacieron balnearios, hoteles y spas, se construyeron iglesias, el teatro y terrazas y restaurantes, se abrieron paseos y se levantaron palacetes. Esa atmósfera sigue hoy viviendo en el perfil de sus fachadas, en la decoración pastelosa de sus cornisas y ventanas. Un ambiente netamente “romántico” que inspiró a mas de uno, entre ellos a Johannes Brahams vivió en Baden-Baden allá por el 1865.

Foto | Judi en Flickr
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