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Impresiones sobre Helsinki

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Aunque acostumbran a ser los más económicos, no es muy recomendable optar por vuelos nocturnos a Helsinki. Uno llega entre las 5 y las 6 de la madrugada y, aunque tengáis habitación reservada, os tocará deambular por una ciudad fría y fantasmagórica hasta las 11 del mediodía.

Si en cambio, no tenéis ninguna reserva hecha espero que no coincidáis con el festival de Eurovisión como un servidor o con alguna exposición o congreso. Los hostales van escasos en Helsinki y muy fácilmente os vais a encontrar dando vueltas por la ciudad en busca de que os atraquen por una doble a 200 euros.

Una de las opciones más recomendables es dirigirse a la céntrica oficina de turismo en la calle Uudenmaankatu donde os buscarán sitio para alojaros. Cobran 5 euros por la reserva y merece la pena aparcar la mochila y que se encargue otro de lidiar por gozar del privilegio de una cama.

Para llegar del aeropuerto la opción más económica es coger el autobús 615 que por 3,60 euros os dejará en el mismo centro en poco más de media hora.

Helsinki se encuentra rodeado por el mar báltico y un vasto archipiélago repleto de islas. El azul del mar, el verde de los innumerables parques y el colorido de los edificios dialogan armoniosamente y si, con suerte, luce un espléndido sol, la orquesta de vocales puede ser espectacular. En un día de finales de mayo el cielo en Helsinki luce de la misma manera a las cinco de la mañana que a las diez de la noche. Un cielo encapotado alumbra las calles con una especie de luz halógena, con la metódica potencia exacta en todo momento del día, como si el cielo tuviera un cuidadoso apuro por no despilfarrar energía.

Cuando se anda por el centro por primera vez uno espera estar equivocado y busca alguna zona con más bullicio. Se pregunta si está leyendo erróneamente el mapa de la ciudad o si ese mismo día hay huelga en Helsinki. O quizás una fiesta nacional donde la gente celebra el día del vago escondido bajo los pliegues de su nórdica.

Helsinki es extraordinariamente tranquilo. Ni los ciclistas se atreven a cruzar los semáforos en rojo aunque los coches no aparezcan ni por asomo. A nadie se le ocurre andar por el carril bici. Las calles están demasiado limpias para la impureza característica del ser humano y lo que más llama la atención es que la mayoría de bicicletas aparcadas no están atadas ni con cadenas del todo a 100. Las conversaciones en la calle, si se escuchan, se hacen a través de susurros realzados, nunca se oye un claxon o un tono fuera de la habitual armonía que por idílica puede llegar a ser tediosa de tan perfecta y poco humana.

Más información | Helsinki Tourism

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