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La primera vez que comí chocolate en suiza, y el chocolate que ni engorda ni se derrite

La primera vez que comí chocolate en suiza, y el chocolate que ni engorda ni se derrite
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En 2007 viajé por primera vez a Suiza con la intención de recorrer todo el país entero a lomos de una bicicleta de paseo. Una de las primeras cosas que hice al llegar a Ginebra, pues se acercaba al hora de cenar, fue probar el chocolate.

En Suiza se almuerza y se cena muy pronto: entre las 12 y la 13:00 se almuerza, y entre las 18:30 y 21:00 se cena. Por ejemplo, la mayoría de establecimientos incluso dejan de tomar encargos a partir de las 21:45. De modo que, antes de ir al hotel, nos detuvimos en un supermercado de la cadena Migros que quedaba a pocos metros de la estación de trenes. Estaba en la planta baja de un complejo comercial. Era bastante amplio y surtido, aunque no vendían alcohol (algo que a mi acompañante en aquel viaje le defraudó, aunque pronto descubriríamos que en muchos supermercados de Suiza no se vende alcohol).

El chocolate de Migros, por contrapartida, era sorprendentemente barato: 30 céntimos de franco por tableta (unos 20 céntimos de euro) de la marca blanca Budget. Encontrareis chocolates igual de baratos (y con una calidad considerable) de otras marcas, cuyos nombres guardan un sospechoso parecido fonético a las grandes marcas como Suchard, Lindt, Cailler o Nestlé.

Suiza no es la cuna del chocolate

A pesar de las apariencias, al igual que los suizos tampoco descubrieron el reloj de cuco, el chocolate lo descubrió Suiza bastante más tarde que Italia, y no se hizo famoso hasta el siglo XIX. El personaje que le dio más popularidad fue un tal Amédée Kohler, al que se le ocurrió la feliz idea de mezclar chocolate con avellanas en la década de 1830.

toblerone
Daniel Peter, 45 años más tarde, mezcló leche con cacao y creó así el chocolate con leche. Esta mezcla la hizo más refinada tiempo después Rodolphe Lindt, añadiendo mantequilla de cacao a la pasta de chocolate. Finalmente, el chocolate no empezó a venderse cubierto por los envoltorios que estamos acostumbrados a ver hasta 1913; gracias a Jules Séchaud dejamos de mancharnos los dedos de chocolate.

Hace poco se cumplió el centenario de otro hito en el mundo chocolatero: la invención del Toblerone por parte de Theodor Tobler y su primo Emil Baumann. Es el chocolate más exportado de Suiza, y no es para menos, pues su forma continúa siendo ciertamente original; y su sabor, una mezcla de chocolate con almendras y miel, inspirado en el turrón italiano, no se resiste a ningún paladar.

Corrían muchos rumores acerca de su forma triangular, como por ejemplo que era la representación gráfica del Monte Cervino. Pero el nieto de Tobler, el historiador Andreas Tobler, confirmó finalmente que la forma responde al pasado masón de su abuelo. ¿Será porque recuerda a un báculo o a una varita mágica?

Chocolate que no engorda ni se derrite

Vulcano
También Suiza, en el 2009, ha sido el descubridor del chocolate ideal, el que a todo el mundo le gustaría comprar: un chocolate que ni engorda ni se derrite. Su descubrimiento tuvo lugar a causa de un error de laboratorio (como la mayoría de los descubrimientos científicos). Se llamará Vulcano, que es como lo ha bautizado su descubridor: Barry Callebaut.

El nombre le viene ni que pintado, porque tiene aspecto de roca fundida debido a las burbujas que presenta en la superficie, y porque no se derrite aunque haga mucho calor (sólo se derrite a temperaturas que superen los 55 grados, lo cual nos permitirá comer chocolate en cualquier playa del mundo sin pringarnos los dedos). Además, tiene un 90 % de calorías menos que el chocolate normal, sin perder ni un ápice de gusto, que es agradable y crujiente y desprende un aroma intenso.

En definitiva, vicio sin remordimientos. ¿Se puede pedir algo más?

Fotos | Wikipedia En Diario del Viajero | Un templo al chocolate en Bruselas

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