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Precios para locales y precios para turistas

Precios para locales y precios para turistas
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Una de las situaciones más injustas que se nos presentan cuando estamos de viaje es la de la diferenciación de precios para residentes y turistas. Se parte de la base errónea que si un turista llega a un país, debe pagar más por los bienes y servicios que compre simplemente porque es de afuera. Se supone también erróneamente, que los turistas no se dan cuenta que son robados con este tipo de actitudes.

Los viajeros están cada día más informados, y al llegar a un país (generalmente con una moneda distinta a la suya y con tasas de cambio fluctuantes), se ven timados por aquellos "rápidos" que juegan con el cambio o, directamente, establecen precios distintos para sus connacionales que para los visitantes extranjeros.

Lamentablemente, debo decir que Argentina es históricamente un "experto" en este tipo de "vivezas". Tal vez por la extensa historia de vaivenes económicos que ha enseñado el "salvese quien pueda", pero el turista es visto como una "oportunidad de hacer el día".

Sé que no es generalizado, pero pensemos que incluso desde la administración se pasa este mensaje. De hecho, hay tarifas aéreas domésticas diferenciadas para argentinos y para extranjeros.

Parece que se quiere cambiar en este aspecto. Desde marzo, la ley nacional de Defensa al Consumidor prohíbe expresamente los precios diferenciados para argentinos y extranjeros. Pero estos subsisten, disimulados como descuentos para residentes o aplicados según la cara del cliente.

Aquí les paso algunos ejemplos publicados ayer en el diario argentino "Clarín" extraídos de una experiencia realizada por un periodista local y una persona de Estados Unidos, que pidieron precio (cada uno por su lado) para los mismos productos/servicios:

"La misma clase de tango individual con el mismo profesor, puede trepar de $ 70 ( 15 euros) a $ 150 (34 euros). Por supuesto, el que debe pagar más del doble es el que habla en inglés.

En un hotel céntrico de una estrella, por la misma habitación al argentino le pidieron u$s 53 ( 37 euros) y al extranjero u$s 63 (44 euros).

En un restaurante, al primero le dijeron que una cena con todo incluido le saldría $ 180 ( 40 euros) y al estadounidense, $ 200 ( 45 euros).

Y por un viaje en remís desde Palermo a San Isidro, el porteño pagó $ 40 ( 8 euros) y el extranjero $ 55 (13 euros). "

Otra forma de "impuesto al turista" se presenta en las tiendas que venden productos mayoritariamente buscados por los viajeros. Allí suelen poner el valor del producto sin aclarar el tipo de moneda. Según el comprador, le dicen que son pesos, dólares o euros.

Lo mismo ocurre con los viajes en taxi. Lo que marca el reloj es siempre en pesos, pero si un extranjero pregunta puede encontrarse con que se han transformado mágicamente en dólares. O sea que el viaje saldrá el triple. Y si es en euros, el turista pagará 5 veces más que le valor real en moneda local.

Sé que estas situaciones no se presentan únicamente en Argentina. Ocurre (me ha ocurrido a mí misma en Italia) todo el mundo y es una práctica muy frecuente en países donde hay un margen enorme para regatear.

Espero que la ley ayude, pero será muy difícil erradicar esa mentalidad de "si viene de afuera, es porque tiene más plata que yo, entonces que pague más".

Diario del Viajero | El impuesto turístico que no se dice

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