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La sorpresa de Portmeirion, una villa italiana en la costa de Gales
Reino Unido

La sorpresa de Portmeirion, una villa italiana en la costa de Gales

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El arquitecto Clough Williams-Ellis tenía una idea: quería demostrar que se podía construir una villa turística en un hermoso enclave natural sin estropearlo, sino aprovechando sus características e integrando los edificios en el entorno. Así surgió Portmeirion, un enclave realmente particular en la costa noroeste de Gales. Situado en un estuario que, con la marea baja, es una gran extensión llana de arena y charcos de agua, es una de las visitas más sorprendentes que podemos hacer si estamos por la zona.

Después de varios días en los que el turista se ha dado un atracón de castillos en mejor o peor estado de conversación, verdes colinas en Snowdonia, rebaños de ovejas por doquier y playas azotadas por el viento, ir a Portmeirion es como viajar en el tiempo a aquellas temporadas que las familias adineradas inglesas pasaban en las villas de la Toscana a principios del siglo XX. Y también es ir a un lugar en el que el turismo es mayoritariamente británico, de familias que pasan allí una mañana, o una tarde, y de huéspedes del hotel de la villa, cuyas habitaciones están repartidas por todos los edificios del lugar.

"Turismo para entendidos"

Entrada El camino de entrada a Portmeirion.

Así calificó Williams-Ellis lo que pretendía lograr con la villa de Portmeirion, un "retiro vacacional para los más perceptivos". Compró una vieja mansión en una península privada de la costa de Snowdonia, cerca de la localidad de Porthmadog, con sus tierras y un castillo muy cercano, Castell Deudraeth, y se puso manos a la obra. La villa se construyó en dos fases, marcadas por la Segunda Guerra Mundial: entre 1925 y 1939, y entre 1954 y 1976, sólo dos años antes de la muerte del arquitecto.

El resultado es un colorido y pintoresco resort que Williams-Ellis quería que fuera un homenaje a Portofino y a la región de Cinque Terre, y que aprovecha realmente la geografía de la zona para situar sus edificios y sus zonas ajardinadas. Está rodeado por un bosque, llamado Gwyllt, en el que hay caminos para pasear, estanques y templetes variados, y todo el conjunto se asoma al mar, al estuario del río Dwyrydd.

Escaleras

Portmeirion está distribuido como si fuera un pequeño pueblo. En la entrada, donde se encuentra la taquilla (las entradas cuestan 16 libras, que se dedican por entero a la conservación del lugar), hay un café y tiendas que lo hacen parecer más típicamente turístico, pero esa sensación se evapora en cuanto empezamos a recorrer su camino de entrada y pasamos por debajo de uno de sus cottages, hasta llegar a Battery Square. Y eso que en una mañana de sábado de agosto hay bastantes visitantes.

Placita Battery Square.

Esa pequeña plaza, con un café y un par de tiendecitas, da acceso al resto de Portmeirion: por un lado, al hotel y la playa y, por el otro, a la Piazza, la plaza central, que es más un jardín con una fuente y un estanque, y desde donde se puede apreciar el plan que Clough Williams-Ellis siguió para la construcción de la villa.

Portmeirion, una villa ecléctica

Aunque Portmeirion tiene el aspecto de un pueblo costero italiano, en realidad está construido con elementos bastante eclécticos. Williams-Ellis compró, por ejemplo, partes de viejas mansiones campestres que sus dueños vendían y las incorporó a su resort, ya fueran techos pintados o balaustradas, y también añadió toques un poco más exóticos, como un Buda dorado situado en la roca de una colina sobre la Piazza.

Piazza
Una vista de la Piazza.

Este amplio jardín es el centro de la villa, y es un sitio muy habitual para sentarse al sol y descansar. De hecho, está rodeado por setos y por edificios para separarlo un poco del resto de Portmeirion y ofrecer justo esa sensación de relax. Pero puede ser más interesante recorrer la Piazza y echar un vistazo al Pabellón Gótico de uno de sus laterales y a la Gloriette, marcada por un edificio con un imponente balcón con columnas desde el que, por cierto, se tine una bonita vista de la plaza central.

Columnas La Gloriette.

Detrás de ese edificio, que es en realidad una fachada, hay una callecita en la que encontramos un café y otra plaza, Salutation Square, desde la que podemos adentrarnos en el bosque que flanquea Portmeirion por su parte trasera. En esa calle hay tiendas de souvenirs de lo más variado (unas cuantas con cerámica, que antes se fabricaba en la zona) y también podemos echar un mejor vistazo a los cottages que forman parte del hotel.

Mansion

Todo está planificado para que los huéspedes, sobre todo, tengan la sensación de estar en otro mundo, en una suerte de realidad paralela y apartada de su día a día. A ello ayudan no sólo el estilo de la sedificaciones los colores de sus fachadas, sino detalles como una estatua de Atlas, o un surtidor coronado por una cabeza tocada con un peculiar sombrero.

Surtidor

Dicho surtidor está frente al Salón de Hércules, un edificio que se utiliza para celebrar bodas algunos fines de semana, y que se encuentra en el camino que baja al edificio principal del hotel. Éste destaca por estar pintado de blanco y azul y por asomarse a unas espectaculares vistas de uno de los "afluentes" del estuario del Dwyrydd, un lugar en el que la diferencia de altura entre las mareas es bastante notable, y en las entradas se suele avisar de las horas a las que produce la marea alta, para que los visitantes puedan tomar precauciones.

Playa La playa a la que se asoma Portmeirion.

El hotel fue de las primeras construcciones en abrirse al público, en 1926, y su barandilla sobre el estuario o su interior pueden hacernos creer que estamos en una novela de Agatha Christie. Era parte de la vieja casa decimonónica que Williams-Ellis compró para hacer realidad su sueño, y alojarse en él no es precisamente económico. Una noche una una de sus habitaciones más sencillas puede irse por encima de los 200 euros.

De todos modos, los turistas pueden acceder sin problemas a la terraza del hotel y bajar a la playa, y hasta seguir un camino que bordea la línea del estuario y lleva a un faro, y que permite observar mejor la orografía tan característica de la costa de la región de Snowdonia. Portmeirion, además, es muy asequible para visitar en una mañana, pues es pequeño y recogido, y podemos tomarnos su recorrido con toda la calma que queramos.

Un lugar muy cinematográfico

Calle

Si estáis pensando que Portmeirion parece un set de película, no vais demasiado desencaminados, porque la villa dejó de ser un secreto en el norte de Gales a hacerse mundialmente famosa a finales de la década de los 60, cuando se grabó allí la serie de culto 'El prisionero'. El programa seguía a un espía que dimitía de su trabajo y al que secuestraban de su casa, trasladándolo a un misterioso lugar llamado la Villa, del que no podía escapar y en el que pasaba a ser conocido sólo como Número Seis.

Tienda Prisionero La tienda con souvenirs de 'El prisionero' en Battery Square.

'El prisionero' sacó todo el jugo posible a esa atmósfera de estar separada del tiempo que sobrevuela Portmeirion, y filmó escenas en todos sus rincones. Todavía hay fans que se acercan a la villa y, de hecho, en los terrenos del parking en la entrada se celebra, a principios de septiembre, el Festival Number 6, que además de ser un festival de música un poco más al uso, se aprovecha para celebrar el legado de la serie. Portmeirion y, sobre todo, su playa fueron también el escenario elegido por la banda Supergrass para el videoclip de su mayor éxito, 'Alright', con breve homenaje a 'El prisionero' incluido.

Portmeirion es una visita que merece la pena si estamos en el norte de Gales. El acceso hasta allí se hace por carreteras estrechas (incluso un poco más de lo normal para lo común en la zona de Snowdonia), y el parking y la entrada principal pueden no ser, al principio, de lo más atrayentes, pero el paseo por la villa es una pequeña sorpresa que, aunque sí es muy popular entre los turistas británicos, todavía no ha sido tomado al asalto por visitantes extranjeros, lo que es la tónica habitual en Gales, por otro lado.

En Diario del Viajero | En Gales sólo hay castillos: una ruta por el "anillo de hierro" del rey Eduardo I

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