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Es incómodo ser visitante en un lugar que sabes que se ha ganado el odio de sus vecinos. Sucede en muchos sitios y si bien es un atractivo más para quien viene de afuera, debemos considerar y tener en cuenta el significado que tiene para los habitantes de esa ciudad. Y respetar ese sentimiento. Aunque nuestros ojos “extranjeros” quieran verlo todo. este es el caso del Palacio del Pueblo de Bucarest.

Se trata de la sede actual del Parlamento y del Tribunal Constitucional nacionales, en la calle 13 de Septiembre. Este enorme edificio es el símbolo más ampuloso y exhibicionista del poder del antiguo dictador rumano Nicolae Ceaucescu. Algunos de vosotros le recordarán: fue derrocado en la Navidad de 1989 después de 32 años de gobierno con mano de hierro, procesado en un juicio que fue emitido por televisión y ejecutado junto a su mujer.

La historia de este “Palacio“ comienza con un terremoto que asoló Bucarest en 1977 dejando esta parte de la ciudad absolutamente destrozada. Ceaucescu vio la oportunidad y en lugar de volver a poner en pie su ciudad, terminó de derribar casas, iglesias, sinagogas, monasterios, hospitales y escuelas, desplazó a sus habitantes y dispuso entonces de una enorme superficie para su proyecto mimado.

El Palacio del Pueblo fue pensado como el gran legado y tributo a la persona de Ceaucesu: 315.000 metros cuadrados, doce plantas, miles de salas y salones, un refugio anti-nuclear, etc. Tal vez uno de los puntos mas llamativamente ostentosos es la Galería de Honor: 150 metros de largo por 18 de ancho.

El sueño megalómano no se acaba en el edificio: la avenida principal que lleva al Palacio lleva el nombre de “Victoria del Socialismo“. Con aguda ironía los habitantes de Bucarest le han cambiado el nombre: “Victoria contra los rumanos“ haciendo referencia al régimen de terror y hambre al que fueran sometidos por el gobernante, y al sufrimiento de las miles de personas que se ocuparon de la construcción en condiciones durísimas.

Al momento de la caída de Ceaucesu la obra estaba inacabada y se planteaba el futuro del Palacio. Algunos pedían su demolición, otros pretendían convertirlo en un casino o enterrarlo formando una montaña artificial. Con el tiempo se decidió darle un uso oficial y que fuera la sede del Parlamento y del Tribunal Constitucional. Toda una ironía.

Actualmente se puede visitar y apreciar de cerca la magnificencia de este edificio, levantado a costa de su pueblo, pero que no deja de ser impresionante. Se dice que es el segundo edificio más grande del mundo, después del Pentágono en Washington.

Fotos | archer10 (Dennis)
En Diario del Viajero | Comidas típicas en un viaje a Rumanía

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