
A poco de llegar los romanos a la Península Ibérica a través de las costas de Empuries, ya se menciona a Tarraco como una ciudad en si misma. Ya vivían allí en tiempos prerromanos íberos que tuvieron contacto comercial con los griegos y fenicios. En el marco de la segunda guerra púnica, en el año 218 a. de C., Cneo Cornelio Escipión desembarcó en Tarragona y estableció una guarnición que acabaría siendo, con el tiempo, la principal base militar de Hispania.
El complejo arqueológico de Tarraco, en Tarragona, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. Desde allí se conquistó la Península Ibérica y penetró la civilización latina por toda Hispania.
En el siglo II a. de C. se construyó la muralla y se estableció la red de calles. Su importancia fue creciendo a lo largo de los siglos II y I a. de C. con la llegada de nuevos pobladores. Recibió el título de colonia de manos de Julio César, probablemente en el año 45 a. de C. En los años 26-25 a. de C. el emperador Augusto residió aquí, dirigió las luchas contra cántabros y astures y gobernó el Imperio, por primera vez, desde fuera de la misma Roma.







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