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Contrastes de Ámsterdam

Contrastes de Ámsterdam
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A mi llegada a Ámsterdam me invadió una sensación algo caótica, pues al salir de la bonita Central Station un enjambre de vallas, grúas, taladradoras, barcos y tranvías impacta a todo aquel que desembarca en la ciudad desde este punto.

Ámsterdam está en obras, unas grandes obras de mejora de esta vía de entrada a la ciudad. También el bullicio nos atrapa en lugares como la Plaza del Dam o las calles comerciales y de ocio más concurridas donde viandantes, tranvías y bicicletas se sortean continuamente.

Podríamos decir, viendo esto, que la capital de Holanda está recorrida por un ritmo frenético. Pero no haríamos honor a la verdad, al menos no a toda la verdad.

Patio de Begijnhof

Porque este caos y el bullicio tienen su opuesto no muy lejos. Callejuelas tranquilas junto a mansos canales en las que no pasan ni las bicis, sino que reposan reclinadas en las entradas de las casas. Zonas verdes silenciosas en las que el transcurrir de la gente se hace lento y pausado.

Perdernos en el Patio de Begijnhof o en Vondelpark nos va a traer una experiencia relajada y tranquila, casi silenciosa. El barrio del Jordaan y la zona de la Universiteit en verano o fin de semana son ideales para captar esa sensación y evadirse del ajetreo de la ciudad.

Aunque tampoco hemos de dejar pasar esa otra Ámsterdam ruidosa y frenética, hay tiempo para todo y precisamente esos contrastes son los que convierten a la capital holandesa en un lugar inolvidable.

En Diario del viajero | Hemos estado: Amsterdam

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