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Laos: Don Det, paraíso en el Mekong

Laos: Don Det, paraíso en el Mekong
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¿Quién no ha deseado disfrutar de una cura de relax en una cabaña junto al mar? En nuestra imaginación surgen inmediatamente las olas mecidas por la fresca brisa del océano en alguna isla paradisíaca, pero lo que aquí os presento no es la costa, sino la jungla; y tampoco es el mar, sino el lugar donde se ensancha el río Mekong a su paso entre Laos y Cambodia.

En esta zona, conocida como las Cuatro Mil Islas, es especialmente recomendable la isla de Don Det, envuelta en un ambiente distendido durante el día y más animado durante la noche, cuando no faltan los bares y los jóvenes buscando diversión. Si vas en un plan más relajado, siempre podrás tumbarte en una hamaca divisando las aguas color turquesa, o sentarte en algún restaurante con vistas a un Mekong cubierto de islitas, para divisar el anochecer sorbiendo un coco o un batido de piña recién hecho.

Multitud de actividades están organizadas en torno a Don Det, desde remar a los mandos de tu kayak a lo largo del Mekong, intentando atisbar los delfines Irrawady que habitan la zona; hasta dejarte llevar por la suave corriente a bordo de un flotador gigante, o visitar las dos impresionantes cataratas situadas muy cerca de allí.

Vista del Mekong, en Don Det
Vista del Mekong, en Don Det

La zona más ambientada se centra en el llamado Sunrise Boulevard, a donde se accede tras un corto viaje en canoa desde Ban Nakasang, muy cerca de la estación de autobús, no tiene pérdida. Es muy sencillo moverse por la zona y siempre encontrarás otros viajeros a quien pedir ayuda. Cercana a la frontera con Camboya, la zona está muy bien comunicada por autobús tanto con el resto de Laos como con la propia Camboya, así que es el lugar ideal para hacer una pausa en tu viaje.

Por unos 9 euros tendrás un bungalow para dos personas, y los lugares donde encontrar comida también son abundantes y baratos, convirtiéndolo en un lugar ideal para no preocuparse por nada. De noche se convierte en un destino muy romántico, entre hamacas, mosquiteras y velas encendidas en tu bungalow con vistas al río. Sin pretenderlo, yo estuve allí en 2013 por San Valentín, ¡queda recomendado para parejitas!


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