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Comparativa: aerolíneas convencionales o de bajo coste, ¿cuál elegir?

Comparativa: aerolíneas convencionales o de bajo coste, ¿cuál elegir?
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El boom de las compañías de bajo coste ha ‘democratizado’ los viajes en avión, antes sólo para unos privilegiados y ahora prácticamente para todos los públicos. Sin embargo las compañías tradicionales han reaccionado ante la nueva situación, y a la hora de planear un vuelo conviene tenerlas en cuenta.

En general, la única ventaja de las ‘low-cost’ frente a las tradicionales es el precio, y no siempre. Pero hay otra serie de factores que pueden ser importantes para nuestro viaje, en los cuales las compañías baratas suspenden.

En este artículo presentamos las principales diferencias entre unas y otras en cuanto a conexiones, equipaje, servicios al pasajero, destinos y también, por supuesto, precios, esperando que esta información os ayude a elegir la opción más adecuada en función de las características de vuestro viaje.

Conexiones

Salvo en contadas excepciones, las aerolíneas de bajo coste no operan vuelos en conexión. Si queremos viajar con una compañía barata desde Zaragoza a Riga, por ejemplo, y para ello tenemos que comprar un vuelo de Zaragoza a Londres y otro de Londres a Riga, son dos vuelos distintos. No estamos haciendo escala en Londres, sino que estamos tomando otro vuelo independiente.

El primer inconveniente es la necesidad de recoger el equipaje y volverlo a facturar, pasando de nuevo todos los procedimientos de seguridad. En aeropuertos especialmente estrictos, como los ingleses, todo este proceso puede llegar a requerir unas 3 horas, con lo que tenemos que dejar un margen de tiempo muy amplio, que a la larga es perdido.

Además si perdemos el primer vuelo, la compañía no se responsabilizará del hecho de que hayamos perdido el segundo. Son vuelos distintos y es nuestra responsabilidad estar allí a tiempo.

En contraste, cuando se compra un billete entre dos puntos con una compañía tradicional, aunque haya escala el ticket nos garantiza el transporte hasta el destino final. No tenemos que preocuparnos del equipaje durante la escala y además en caso de perder el segundo vuelo por retraso del primero, la compañía está obligada a recolocarnos y pagar comida y alojamiento si fuese necesario.

Equipaje

Las compañías de bajo coste obligan generalmente a pagar por equipaje facturado y realizan controles cada vez más estrictos sobre las dimensiones y peso del equipaje de mano. Es decir, que si necesitamos llevar bastante peso, nos tocará pagar extra. Y si necesitamos llevar varios bultos (porque nos trasladamos durante una larga temporada, por ejemplo) probablemente haya que pagar un sobrecoste estratosférico, con lo que el ahorro de la compañía de bajo coste se esfuma.

Las compañías tradicionales también tienen límites en clase turista, pero no cobran por la primera pieza de equipaje facturado (en algunos casos ni siquiera por una segunda si nos mantenemos dentro del límite). Los límites de peso son mayores, y además casi siempre se hace la vista gorda si la maleta pesa un par de kilos de más o si el equipaje de mano es algo más voluminoso de la cuenta. Si tenemos necesidad de llevar mucho equipaje, las compañías tradicionales suelen acabar saliendo más a cuenta.

Servicios al pasajero

El paradigma de las aerolíneas de bajo coste es que sus billetes sirven para volar de un sitio a otro y todo lo demás son gastos superfluos que el viajero debe pagar (¡algunos se plantean incluso cobrar el uso del lavabo!).

La comida de los aviones suele dejar bastante que desear, pero es comida al fin y al cabo. Si realizamos un largo trayecto con aerolíneas de bajo coste, normalmente necesitaremos comer o beber en algún momento dado. Los precios de un mísero botellín de agua a bordo pueden ser escandalosos. Además comer en los aeropuertos no es precisamente barato, por lo general.

En viajes nocturnos, se agradece que en ciertas aerolíneas preparen una almohada y una manta en cada asiento. O que en general, la tripulación este dispuesta a estregarnos amablemente un vaso de agua (algunas como Lufthansa ofrecen vino y cerveza gratuitos durante todo el trayecto). Son detalles pequeños pero que hacen más cómodo el viaje. Probablemente no merezcan pagar el doble de precio, pero cuando la diferencia es pequeña, hay que tenerlo en cuenta.

Capítulo aparte es la atención al pasajero en caso de cancelaciones o retardos. Las aerolíneas ‘low cost’ ofrecen las mínimas compensaciones establecidas por ley (el rembolso del billete no compensa absolutamente nada cuando ha costado un euro, por ejemplo). Si algún pasajero requiere cobertura adicional normalmente tendrá que adquirir un seguro extra cuyo precio ronda los 15 euros.

Destinos

Las aerolíneas baratas alcanzan cada vez más lugares (lo cual es de agradecer), pero para llegar a ciertos sitios las compañías tradicionales siguen siendo la mejor opción (y en muchos casos la única). Volar a Bratislava puede ser más barato que a Viena, pero si nuestro destino final es esta última, habrá que considerar detenidamente el tiempo y dinero que perdemos en el traslado.

Además muchas compañías de bajo coste no operan desde los aeropuertos principales, sino desde aeródromos secundarios que están bastante lejos de las grandes ciudades. Un billete de autobús del centro de Barcelona a los aeropuertos de Girona o Reus (que algunas compañías venden como ‘Barcelona’) cuesta unos 13 euros por trayecto, por ejemplo. Un caso flagrante es Frankfurt-Hahn, situado a más de dos horas por carretera de la ciudad de Frankfurt (como Madrid y Valladolid, aproximadamente).

También es cierto que en algunas ciudades como Bucarest o Roma las líneas de bajo coste operan en aeropuertos antiguos que aunque suelen ser pequeños e incómodos están más cerca de las respectivas ciudades que los aeropuertos nuevos usados por las grandes aerolíneas, y por tanto estos desplazamientos son más cortos y baratos.

Precio

Es la gran arma de las ‘low cost’, pero hay que sumar todos los costes anteriormente mencionados (equipaje extra, necesidad de desplazarse a aeropuertos secundarios, comida a bordo, etc.) y además tener presente el riesgo de enlazar varios vuelos distintos si nos falla el primer trayecto.

En general asumimos que las compañías de bajo coste son a pesar de todo más baratas, pero las compañías tradicionales tienen periódicamente ofertas muy competitivas. Conviene estar al tanto y antes de reservar un billete de bajo coste comprobar si, por casualidad, hay ofertas disponibles con compañías tradicionales a precios razonables.

Hay que mencionar que en general las compañías convencionales sólo tienen buenos descuentos si se adquieren vuelos de ida y vuelta, los trayectos individuales suelen ser muy caros. En muchas aerolíneas además penalizan el hecho de que ida y vuelta estén muy próximas.

En conclusión…

Hemos hecho un buen repaso a las fundamentales diferencias entre compañías convencionales y de bajo coste, lo que aconsejamos es pensar detenidamente en las características de nuestro viaje. No es lo mismo acudir a un evento familiar al que no podemos faltar que visitar a un amigo al que podemos volver a ver cuando queramos, ni es lo mismo viajar con equipaje para tres meses que hacer una excursión durante un puente. Por eso en cada caso hay que elegir la opción que más nos convenga.

Desde mi experiencia de casi 10 años volando por toda Europa, suelo preferir las aerolíneas convencionales siempre que puedo (está claro que a veces tienen precios prohibitivos y entonces las ‘low-cost’ son nuestra salvación). Lufthansa es probablemente la mejor aerolínea europea en cuanto a calidad de servicio y destinos, puede conectar prácticamente cualesquiera dos rincones de Europa haciendo escala en Frankfurt. Tiene ofertas competitivas para vuelos de ida y vuelta, entre 100 y 200 euros todo incluido, pero si no hay tarifas de oferta los precios son demasiado elevados.

Las aerolíneas de Europa del este como CSA o Malév ofrecen calidad y precios razonables para los destinos más desconocidos de Europa. Iberia también se está subiendo al carro de las ofertas (periódicamente se pueden encontrar precios bastante buenos, también para vuelos intercontinentales) y tiene la ventaja de que los vuelos de España son directos. Para ciertas conexiones con países como Rusia, Alitalia tiene de vez en cuando precios imbatibles.

En el mundo de las ‘low cost’ hay grandes diferencias entre el servicio que ofrecen unas y otras. Ryanair es con diferencia la peor de todas (miles de limitaciones y sobretasas, aviones sucios, tripulación pòco preparada y un largo etcétera), pero sus precios ridículos son imbatibles. Para viajes cortos y escapadas con amiguetes, no deja de ser una gran oportunidad.

En el otro lado se sitúa SkyEurope (mi ‘low cost’ favorita), con un servicio bastante bueno y ofreciendo opciones propias de aerolíneas tradicionales como la posibilidad de cambios en el billete. Otra aerolínea que se ha distinguido por su política de ofrecer buen servicio a bajo precio es Vueling, en proceso de fusión con su directa competidora Clickair.

En definitiva, tenemos un mundo de posibilidades, y a la larga nos saldrá rentable dedicar un rato a explorar todas las posibles ofertas. Es cierto que al fin y al cabo sólo se trata de llegar al destino final, pero ¿por qué no hacerlo de la mejor forma posible?

Imagen | Aeropuerto de Dubai, Imre Solt
En Diario del Viajero | Aerolíneas: análisis y novedades

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