Pequeña, preciosa y con mucha historia: así es la cala de la Costa Brava que más triunfa en las redes

Pequeña, preciosa y con mucha historia: así es la cala de la Costa Brava que más triunfa en las redes
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No es la primera vez que la Costa Brava se cuela en una lista de atractivos turísticos. A principios de año, Tossa de Mar ya se coronó como uno de los 20 mejores destinos europeos para viajar en 2023. Y esta semana, le ha tocado el turno a otro precioso rincón del litoral gerundense.

En National Geographic han recogido un estudio, creado por el portal de reservas Holidu, en el que señalan las 10 playas que más triunfan en las redes sociales. Entre ellas, con 8.295 hashtags en Instagram y 227.900 views en TikTok (hasta ahora), está la singular Cala S’Alguer.

Un rincón mágico al que se llega andando por lo que hoy es el Camí de Ronda desde la playa de la Fosca, en Palamós, pero que ya lucía así de bonito hace más de un siglo.

El encuentro entre el mar, el bosque y el pasado

Esta pequeña playa de piedras solo mide 60 metros de largo. Aunque eso también forma parte de su encanto, junto a las aguas cristalinas azules y turquesa, las casas blancas con portones de madera pintados de vivos colores, y el verde de los pinos de la Pineda d’en Gori, rodeando todo el conjunto.

Una mezcla perfecta entre lo paradisíaco y lo pintoresco, bañada por el sol y el olor del mar, que fue declarada Bien de Interés Cultural por la Generalitat de Catalunya en 2004.

El motivo son las antiguas construcciones que se usaban para guardar barcas y utensilios de pesca, que datan de finales del siglo XIX. En aquel entonces la industria del corcho estaba en pleno auge por la zona y algunos de sus trabajadores, los taponeros, utilizaban estas barracas como lugar de recreo para disfrutar los domingos.

Al estar tan cerca del mar, estuvieron a punto de ser demolidas, pero una campaña popular pidiendo su conservación, que derivó en una sentencia a su favor en 1975, las salvó de la destrucción.

Hoy se han reconvertido en casas de veraneo, pero preservan toda su esencia marinera, manteniendo las paredes de piedra encaladas, las voltes catalanes, y las rampas naturales para varar las barcas. Un buen ejemplo de cómo la arquitectura tradicional se integraba a la perfección con el entorno.

Una parada entre Palamós y la Platja de Castell

No me sorprende que esta cala se haya hecho tan popular en las redes sociales, siempre ávidas de paisajes llenos de belleza. Sin embargo, para muchos, antes del boom de TikTok e Instagram, ha sido más bien un sitio de paso.

Un alto en el camino de Palamós a la Platja de Castell. Otra playa, totalmente virgen y de arena fina, en la que puedes pasear descalzo o tumbarte a descansar.

Hace unos años (bastantes), todavía podías encontrarte a solas en Cala S’Alguer con los residentes de fin de semana disfrutando de una comida familiar en los porches de las casas. Cocinaban el arroz en paelleras gigantes, y con sus mesas y sillas ocupaban casi todo el espacio.

Daba un poco de pudor quedarse allí y romperles el momento. Aunque cuando el día estaba tranquilo y no había nadie, el chapuzón para refrescarse a medio camino era sagrado. Un plan que en la actualidad sigue siendo igual de fantástico. Eso sí, hay que llevarse cangrejeras, o los más modernos aquashoes, si no quieres dejarte los pies al entrar al agua.

Habré pasado unas 200 veces por Cala S’Alguer y nunca se me ocurrió hacer una foto. Hoy es una de las playas más fotografiadas del verano de 2023. Está claro que los tiempos cambian, pero algunos lugares, por suerte, permanecen eternos.

Portada | Matías Callone - Flickr

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